América
Semanal
18 de Mayo de 2003
El “Imperio”
de Hardt & Negri y el Regreso del Marxismo Eurocéntrico
Néstor Kohan *
I. UN BALANCE MADURO
1. Pocas veces un filósofo ha logrado tantos lectores a nivel mundial en tan poco tiempo. Hoy Negri hace furor. Imperio, escrito con la colaboración de su discípulo Michael Hardt —aunque en nuestra aproximación nos referiremos sólo a Negri por economía de lenguaje— se ha vuelto de una semana para la otra en controvertido bestseller. En New York y en París, en Madrid y en Buenos Aires, en Londres y en México DF, en Berlín y en San Pablo, muchos son los que discuten y opinan sobre sus provocativas tesis. El encuentro con Imperio o con sus comentarios (porque las adhesiones y los rechazos viscerales no siempre han venido acompañados de la paciente lectura del texto) han desatado en poco tiempo las polémicas más crispadas que se recuerden de los últimos tiempos.
2. Ecologistas y
marxistas, feministas y economistas neoliberales, posmodernos y
postestructuralistas, nacionalistas tercermundistas y populistas de variado
pelaje, todos al unísono, se sienten desafiados e interpelados por Imperio.
Este texto genera odio o adhesión inmediata. Rechaza las medias tintas y los
matices. Es un libro apasionante y apasionado. Sus lectores no pueden
permanecer pasivos luego de transitarlo. Su prosa es taxativa y terminante.
Fuerza los argumentos de tal manera que los hace rendir frutos hasta el límite.
Siguiendo el estilo de su maestro Louis Althusser, los planteos de Negri se
proponen invariablemente como tesis, afirman posiciones, dictaminan sentencias.
Quizás por eso su texto sea tan provocador y haya generado instantáneamente
tanto aleteo en el mundo filosófico y en la política, en las ciencias sociales
y en la cultura de nuestros días.
3. Para los
grandes medios de comunicación que lo han apoyado, alabado y promocionado, la figura
de Negri adquiere un carácter ‘inocente’ y digerible cuando se subraya su
docencia universitaria, pero se transforma rápidamente en ‘culpable’ cuando se
recuerda que fue y sigue siendo un militante (no es el caso de Hardt). Para los
parámetros ideológicos que manejan estos medios se trata de ‘salvar a Negri’ de
sí mismo, a costa de su propia militancia, sacrificando la fuente principal de
la que se nutren invariablemente sus controvertidas reflexiones.
4. Desde nuestro
punto de vista, esta obra constituye el balance maduro de su afiebrada y
apasionada biografía política. No disponemos aquí del espacio suficiente para
recorrer su prolongado y accidentado itinerario biográfico, pero creemos que
sus fórmulas contienen —a veces en forma abierta, otras implícita— el beneficio
de inventario que Negri aplica sobre toda su experiencia política italiana
anterior.
5. El nexo
teórico inmanente entre las propuestas y análisis de Imperio y la biografía de
Negri ha sido sistemáticamente ocultado, soslayado o directamente desconocido
por los grandes medios de comunicación.
6. Entre los
numerosos análisis conceptuales que contiene Imperio, al menos en cinco
problemáticas podemos detectar la huella indeleble de la trayectoria
político—biográfica de su autor: el cuestionamiento de toda ‘vía nacional’ al
socialismo (en este rubro se deja sentir la antigua polémica del joven Negri
con la dirección del ex PCI —Togliatti a la cabeza— y su propuesta iniciada en
1956 en pos de una ‘vía nacional al socialismo’ que buscaba diferenciarse del
modelo soviético promovido por el Partido Comunista de la Unión Soviética
(PCUS); el rechazo de todo ‘compromiso histórico’ con el Estado—nación y sus
instituciones (aquí emerge al primer plano la polémica de Negri en contra del
‘compromiso histórico’ de 1974 entre la Democracia Cristiana Italiana (DCI) y
el ex Partido Comunista Italiano (PCI) en tiempos del liderazgo de Enrico
Berlinguer; el re—examen autocrítico del fabriquismo y el obrerismo
(explícitamente mentados a lo largo de Imperio); la actualización de los
postulados de la corriente auto—bautizada como Autonomía (fundamentalmente en
el reemplazo de la noción de ‘obrero social’ por el concepto mucho más laxo e
indeterminado de ‘multitud’); la reflexión sobre el fracaso de la lucha armada
posterior al ‘68 (principalmente en lo que atañe al movimiento de las Brigadas
Rojas y las polémicas de Negri con el
principal líder de aquellas, el sociólogo de la Universidad de Trento Renato
Curcio).
7.
Paradójicamente, ninguna de estas cinco problemáticas es estudiada ni por sus
entusiastas comentadores académicos ni por los promotores periodísticos de
Imperio. En la mayoría de los periódicos se trata a la obra como si fuera la
tesis académica de un profesor apolítico o aséptico, y no como el pensamiento
maduro de un militante que hace un balance tardío —desde ya polémico y muchas
veces errado, desde nuestro punto de vista— a partir de sus propios fracasos
políticos y sus propias derrotas de los años ’60 y ‘70.
1. VOLVER A LOS
‘GRANDES RELATOS’
8. Si Imperio
posee una virtud, ella consiste en haber intentado poner al día la crítica
política del capitalismo, la filosofía del sujeto y su (supuesta) crisis
postmoderna, la sociología del mundo laboral y la historización de la sociedad
moderna occidental; todo al mismo tiempo y en un mismo movimiento.
9. Esta
pretensión absolutamente totalizante, tan a contramano de las filosofías del
fragmento y de lo micro que hasta ayer nomás se encontraban a la moda —y a las
que paradójicamente Negri y Hardt, en adelante H&N, no son del todo
reacios— constituye uno de los elementos más
sugerentes de todo el polémico texto.
10. Después de
veinte años de pensamiento en migajas y de un desierto de polémicas
intelectuales que se asemejó demasiado a la mediocridad, hoy hay sed de
ideología. Se palpa, se siente. Imperio pretende llenar ese vacío. Quizás por
eso logró tan repentina repercusión. Aunque creemos que este libro presenta más
dificultades que aciertos, de todas formas debemos hacerle justicia. Al volver
a poner en el centro de la escena filosófica la necesidad de contar con una
‘gran teoría’, o en la jerga posmoderna de Gianni Vattimo, con ‘categorías
fuertes’, que realmente se propongan explicar, ha hecho una importante
contribución a las ciencias sociales. A pesar de sus tesis erróneas, a pesar de
sus desaciertos políticos o filosóficos.
11. En estas
apretadas líneas nos proponemos tan sólo presentar unas pocas tesis acerca de
Imperio para identificar en la obra núcleos problemáticos y tensiones abiertas
que desde nuestro punto de vista permanecen irresueltos por su autor. Se
podrían plantear muchísimas más. Éstas constituyen apenas unas pocas pinceladas
posibles. Nuestro modesto objetivo consiste en contribuir a una discusión
crítica de la obra más allá de erráticas modas mediáticas y de efímeros furores
académicos (¡remember Althusser en los ‘70 o Foucault en los ‘80!).
12. Dejamos
explícitamente en claro que nuestra lectura de Imperio no es inocente. Por
cierto, ninguna lo es. Presentamos estas tesis para la discusión y el debate,
pero no lo hacemos desde la neutralidad simulada o la equidistancia típica del
paper académico sino desde un ángulo socialista, desde una perspectiva
anti—imperialista, desde un horizonte histórico—político anclado en nuestra
sociedad latinoamericana y a partir de un paradigma emancipador centrado en la
filosofía marxiana de la praxis. Insistimos: no somos neutrales. Negri y los
grandes medios que lo promocionan tampoco lo son.
1) TESIS I :
AUNQUE NEGRI PRETENDE ELUDIRLO, CUANDO ANALIZA LA GLOBALIZACIÓN, SU LIBRO
IMPERIO VUELVE A CAER EN EL VIEJO (Y VITUPERADO) DETERMINISMO
13. Plantea
Negri: “Durante las últimas décadas, mientras los regímenes coloniales eran
derrocados, y tras el colapso final de las barreras soviéticas al mercado
capitalista mundial, se ha producido una irresistible e irreversible
globalización de los intercambios económicos y culturales”. “Junto con el
mercado global y los circuitos globales de producción ha emergido”, agregan
H&N, “un nuevo orden, una nueva lógica y una nueva estructura de mando —en
suma, una nueva forma de soberanía: el Imperio. Este tipo de sociedad que se
estaría desarrollando ante nuestro ojos sería el sujeto político que regula
efectivamente estos cambios globales, el poder soberano que gobierna al mundo”
(H&N, 2002: 13).
14. ¿Dónde reside
el carácter problemático de estas atribuciones? En que todo el pensamiento
político de Negri siempre ha rechazado de plano, en forma categórica y
terminante, la corriente filosófica del determinismo. Así lo ha hecho en sus
intervenciones juveniles de los ‘60, en tiempos del obrerismo italiano; en sus
teorizaciones de los ‘70, en defensa del autonomismo; y también en sus textos
maduros del segundo exilio en París.
15. En muchos de sus
libros anteriores Negri rechaza categóricamente el determinismo y polemiza con
él.
16. En ellos
sostiene que el desarrollo de la sociedad capitalista no tiene nada que ver con
el desarrollo de un organismo natural. En la sociedad capitalista las regularidades
sólo expresan el resultado contingente —nunca necesario ni tampoco
predeterminado— de los antagonismos sociales y de las intervenciones colectivas
de los sujetos enfrentados en esos antagonismos.
17. Para Negri no
hay leyes de la sociedad a priori —previas a la experiencia— ni hay
inteligibilidad precedente de los procesos sociales e históricos: sólo hay
verdad a a de lo que vino a pasar. En varios de sus polémicos escritos el
filósofo italiano sostiene que la posición determinista enmascara y encubre el
antagonismo y la contradicción. A contramano del determinismo, Negri insiste
una y otra vez en que los mecanismos de la acción humana son impredecibles. El
resultado de las luchas está siempre abierto. Cada nueva fase de la historia
humana no revela entonces ningún
destino escrito de antemano. ¡La historia está abierta!
18. Este
argumento que atraviesa todos los ensayos filosóficos y políticos de Negri
pertenece seguramente a lo más brillante, rico y estimulante que produjo este
pensador. En él nos convoca a intervenir en la realidad, a no quedarnos pasivos
ni dormidos, a incidir sobre la historia.
19. Por lo tanto,
la dificultad aparece en el primer plano cuando Imperio se abre sosteniendo
como tesis central que la globalización y la constitución del Imperio —en tanto
nueva forma de mando del capital a nivel mundial— tienen como características
centrales la ‘irreversibilidad’ y sobre todo la ‘irresistibilidad’ (cabe
aclarar que en la traducción de Bixio se reemplaza el término ‘irresistible’ por
el de ‘implacable’, pero a pesar de este matiz, la idea fuerza en torno a la
globalización permanece inalterada).
20. Al afirmar
esto, el hilo conductor del argumento de Negri cae en una afirmación
determinista, contradiciendo el espíritu filosófico general —brillante y
cautivante, por cierto— que había animado sus publicaciones anteriores.
21. De manera
problemática y hasta contradictoria con toda su producción teórica juvenil, la
nueva fase del capitalismo mundial que él describe utilizando el concepto de
‘Imperio’ —por oposición a la época de los imperialismos— tendría un carácter
ineluctable. En otras palabras: no se puede modificar, no hay vuelta atrás. No
hay posibilidad alguna de revertir este proceso y, lo que es más grave: ¡ni
siquiera de resistirse a él!.
2) TESIS II: LA
VISIÓN APOLOGÉTICA QUE IMPERIO PROPORCIONA DE LA GLOBALIZACIÓN (Y SU CRÍTICA DE LA TEORÍA DE LA DEPENDENCIA)
CONDUCEN A NEGRI A SER ESCANDALOSAMENTE INDULGENTE CON LA ACTUAL HEGEMONÍA
MUNDIAL DE ESTADOS UNIDOS
22. Tras la caída
de la Unión Soviética y el derrumbe del sistema ‘socialista real’ de Europa del
Este, el american way of life se ha generalizado por todo el orbe. Los Estados
Unidos se han convertido en la potencia mundial. Son datos difícilmente
cuestionables. Tanto la guerra del Golfo Pérsico contra Irak como la
intervención ‘humanitaria’ en Kosovo constituyen pruebas de una supremacía
mundial sin parangón en la historia moderna y contemporánea. Lo mismo podríamos
decir de los bombardeos en Afganistán o el reciente asesoramiento e
intervención militar en Colombia. Estados Unidos se da el lujo de bombardear la
embajada de la República Popular China en la ex Yugoslavia y no sucede
absolutamente nada. Algo impensable en los tiempos en que todavía debía
disputar con la Unión Soviética.
23. Sin embargo,
a lo largo de Imperio, Negri insiste una y otra vez en que Estados Unidos ya no
constituye un país imperialista. Esta tesis va a contramano de los principales
teóricos de la política internacional contemporánea, de los más importantes
críticos culturales y de las numerosas
organizaciones disidentes del ‘nuevo orden mundial’.
24.
Provocativamente y contra todos, Negri plantea: “Muchos ubican a la autoridad
última que gobierna el proceso de globalización y del nuevo orden mundial en
los Estados Unidos.
Los que sostienen
esto ven a los Estados Unidos como el líder mundial y única superpotencia, y
sus detractores lo denuncian como un opresor imperialista. Ambos puntos de
vista se basan en la suposición de que los Estados Unidos se hayan vestido con
el manto de poder mundial que las naciones europeas dejaron caer. Si el siglo
diecinueve fue un siglo británico, entonces el siglo veinte ha sido un siglo
americano; o, realmente, si la modernidad fue europea, entonces la posmodernidad
es americana. La crítica más condenatoria que pueden efectuar es que los
Estados Unidos están repitiendo las prácticas de los viejos imperialismos
europeos, mientras que los proponentes celebran a los Estados Unidos como un
líder mundial más eficiente y benevolente, haciendo bien lo que los europeos
hicieron mal. Nuestra hipótesis básica, sin embargo, que una nueva forma
imperial de soberanía está emergiendo, contradice ambos puntos de vista. Los
Estados Unidos no constituyen —e, incluso, ningún Estado—nación puede hoy
constituir— el centro de un proyecto imperialista” (H&N, 2002: 15
—subrayado en el original—)
25. ¿A quién
alude elípticamente Negri cuando, con sorna e ironía, hace referencia a ‘la
crítica más condenatoria a Estados Unidos’? Obviamente a Edward Said,
intellectual palestino residente en Nueva York. Said, crítico literario y
cultural, y uno de los impugnadores más agudos de la política exterior de
Estados Unidos en el mundo contemporáneo.
26. En
Orientalismo (1978), en Cultura e imperialismo (1993) y en otros de sus libros,
reportajes y entrevistas, Edward Said ha señalado que toda la cruzada
norteamericana contra el mundo árabe y musulmán no constituye más que una nueva
modalidad de la vieja política imperialista de las grandes potencias
occidentales de dominación sobre sus áreas de influencia. En esta política
imperialista se inscribe su campaña ‘contra el terrorismo’, fundamentada en una
retórica ‘humanitaria’ y pretendidamente universalista.
27. Aunque en Imperio
Negri alaba a Said como “uno de los más brillantes intelectuales bajo el sello
de la teoría poscolonial” (H&N, 2002: 142), rechaza terminantemente su
visión anti—imperialista del ‘nuevo orden mundial’. Al igual que sucede con
Said, Negri repite exactamente la misma operación cuando analiza la crítica de
Samir Amin e Immanuel Wallerstein al proceso de la llamada globalización. Lo
mismo vale para su (más que rápido) descarte de la teoría de la dependencia.
28. En todos
estos casos, Negri defiende a capa y espada una concepción del capitalismo
contemporáneo donde las categorías de ‘imperialismo’, ‘metrópoli’ y
‘dependencia’ ya no tienen eficacia ni lugar. Negri no acepta la opinión del
crítico cultural palestino residente en Nueva York cuando éste afirma que “las
tácticas de los grandes imperialismos europeos que fueron desmantelados tras la
primera guerra mundial, están siendo replicadas por los Estados Unidos”.
29. ¿Por qué,
cuestionando a Edward Said, Negri se niega a aceptar que en el mundo contemporáneo
los estados no son equivalentes o intercambiables? ¿Por qué rechaza con
semejante vehemencia las categorías de ‘metrópoli imperialista’ y de ‘periferia
dependiente’? Recordemos que el discurso sustentado en la pareja de categorías
‘metrópoli imperialista’ y ‘países semi—coloniales y dependientes’ había sido
central en la teoría de la dependencia.
30. Aunque no
todos los partidarios de la teoría de la dependencia coincidían entre sí, como
muchas veces se afirmó, apresuradamente, desde alguna literatura de divulgación
sociológica norteamericana, sí es cierto que todos llegaban a una conclusión
similar. Para ellos el atraso latinoamericano y periférico no es consecuencia
de una supuesta ‘falta de capitalismo’ sino de su abundancia. Es precisamente el
capitalismo, entendido como sistema mundial, el encargado de producir una y
otra vez —es decir, de reproducir— esa relación de dependencia de la periferia
en provecho del desarrollo y la acumulación de capital en los países
capitalistas más adelantados.
31. Según esta
teoría, las burguesías de los países capitalistas desarrollados acumulan
internamente capital, expropiando la plusvalía excedente de los capitalismos
periféricos. De este modo —como reconoció Ernest Mandel en su célebre trabajo
La acumulación originaria del capital y la industrialización del Tercer Mundo—
impiden, obstaculizan o deforman su industrialización
32. Pero los
pueblos de los países dependientes —obreros, campesinos y demás clases
subalternas— no sólo son expoliados por estas burguesías metropolitanas.
También son explotados por sus socios menores, las propias burguesías locales
de los países periféricos. De allí que en una formulación clásica André Gunder
Frank haya caracterizado al desarrollo económico social de los países dependientes
como ‘lumpendesarrollo’ y a las burguesías locales periféricas como
‘lumpenburguesías’ (dicho sea de paso: en Argentina, no estaban lejos de allí
Silvio Frondizi y Milcíades Peña cuando, impugnando a estos socios locales del
imperialismo, plantearon su hipótesis del desarrollo capitalista argentino
entendiéndolo como una
‘seudoindustrialización’).
33. La principal
consecuencia de todo este planteo, como hace ya largo tiempo habían aclarado
Ruy Mauro Marini, Vania Bambirra o el propio André Gunder Frank, consiste en
que no necesariamente la teoría de la
dependencia equivale al populismo burgués y nacionalista. Homologación sobre la
que, erróneamente, se asienta todo el relato y la impugnación de Imperio.
34. Si el
populismo nacionalista culmina de algún modo ‘salvando’ y legitimando a las
burguesías latinoamericanas, el planteo de Negri, por oposición, conduce a
diluir la responsabilidad estructural de los Estados Unidos en el atraso
latinoamericano. Las corrientes políticas más radicales que han empleado las
categorías de la teoría de la dependencia, en cambio, cuestionan al mismo
tiempo a las burguesías nativas de los países latinoamericanos y a Estados
Unidos como baluarte del imperialismo.
3) TESIS III:
TODO EL PLANTEO HISTÓRICO DE IMPERIO SE APOYA EN UN VICIO METODOLÓGICO DE
ORIGEN, EL EUROCENTRISMO; PARA LEGITIMARLO, NEGRI CONSTRUYE UN MARX A SU IMAGEN
Y SEMEJANZA
35. Justo cuando
el FMI y el Banco Mundial ejercen un poder despótico en todo el orbe, Negri
vuelve a reactualizar un planteo historiográfico, económico y sociológico
teórica y cronológicamente anterior a la teoría de la dependencia. Imperio hace
suyo un tipo de planteo que se encuentra mucho más cercano a las formulaciones
iniciales de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) o incluso a las
tesis de la sociología norteamericana estructural—funcionalista de los primeros
años ‘50. Todas estas corrientes atribuían el atraso latinoamericano a la falta
de modernización y capitalismo, y ¡sólo veían diferencias de grado entre la
periferia y la metrópoli!. Esa es precisamente una de las tesis centrales de
Imperio.
36. Afirmar —como
hace Negri— que entre Estados Unidos y Brasil, la India y Gran Bretaña ‘sólo
hay diferencias de grado’ implica retroceder cuarenta años en el terreno de las
ciencias sociales. Más allá de la intención subjetiva de Negri al redactar
Imperio, eso conduce objetivamente a desconocer olímpicamente todo lo acumulado
en cuanto al conocimiento social —académico y político— del desarrollo desigual
del capitalismo y de las asimetrías que éste invariablemente genera. Negri
comete este enorme desacierto en su impugnación contra la teoría de la
dependencia al intentar descentrar el papel principal que Estados Unidos
mantiene actualmente en su dominación mundial.
37. ¿De dónde
extrae la comparación entre sociedades tan disímiles como Estados Unidos y
Brasil, La India y Gran Bretaña? Pues de un texto central de la tradición
marxista clásica. Aunque es más que probable que sus apologistas mediáticos lo
ignoren y sus adherentes populistas lo desconozcan, Negri obtiene ese ejemplo
puntual del prólogo que León Trotsky redacta para su propio libro La revolución
permanente. Obviamente, en Imperio Negri no lo dice explícitamente.
38. Allí Trotsky
discutía la visión cerradamente nacionalista de Stalin. Por oposición a éste
último, sostenía que las particularidades nacionales de estas cuatro sociedades
y su evidente asimetría recíproca eran ‘ el producto más general del desarrollo
histórico desigual’. Precisamente Negri hace caso omiso de ese desarrollo
histórico desigual —con sus asimetrías y sus relaciones de poder a nivel
internacional— para terminar analizando el capitalismo a nivel mundial como si
fuera una superficie plana y homogénea.
39. Pero este
desacierto no es accidental. En la escritura de Imperio constituye un obstáculo
sistemático. Proviene de un fundamento más profundo: la ideología del
eurocentrismo.
40. El déficit
eurocéntrico del joven Negri (el que militaba en Poder Obrero—POTOP y luego trabajaba
en Autonomía Obrera, organizaciones que jamás se plantearon como estrategia una
alianza con sectores revolucionarios que no fueran europeos) se reproduce de
manera ampliada en la madurez de nuestro autor. Este obstáculo tiene una pesada
carga teórica que no sólo atañe a la debilidad de las estrategias
anticapitalistas que en el libro se plantea Negri. También impregna sus
intentos de periodización de la sociedad moderna y el capitalismo.
41. En Imperio se
sostiene que el pasaje de la fase histórica marcada por el imperialismo a esa
‘nueva lógica’ que emergería con el nacimiento del Imperio coincide exactamente
con el tránsito de la modernidad a la posmodernidad. Negri enhebra dos debates
que se han desarrollado hasta ahora en terrenos diversos. Por un lado, la
discusión económica sobre las etapas del capitalismo y el problema de cómo
clasificar la situación mundial actual. Por el otro, la discusión filosófica,
arquitectónica y estética sobre si estamos o no en la posmodernidad. Negri
amalgama ambos problemas dentro de un mismo trazo, traduciendo muchos de los
términos filosóficos y estéticos al ámbito económico y viceversa. Esa es sin
duda una de sus habilidades más brillantes. Imperio está repleto de estas
traducciones, por cierto ya empleadas por autores como Fredric Jameson o David
Harvey. .¿A partir de qué criterio periodizar ambos pasajes, el inicio de la
posmodernidad y el del Imperio?
42. ¿Desde qué
ángulo abordar esas transiciones? ¿Qué segmentos sociales y geográficos habría
que tomar como referencia para lograr una periodización correcta? Nuevamente,
en este rubro Negri es taxativo, extremadamente arriesgado y provocador: “La
genealogía que seguiremos en nuestro análisis del pasaje desde el imperialismo
hacia el Imperio será primero europea y luego euro—americana, no porque creamos
que estas regiones son la fuente privilegiada y exclusiva de ideas nuevas e
innovaciones históricas, sino simplemente porque este es el principal camino
geográfico que siguieron los conceptos y prácticas que animan al Imperio
desarrollado actualmente”( H&N, 2002: 17).
43. Es decir que
en Imperio se plantea una periodización de alcance mundial, pero el criterio
utilizado sólo es regional y provinciano. Negri lo reconoce explícitamente
cuando sostiene que “la genealogía del Imperio es eurocéntrica” (H&N, 2002:
17) y cuando señala que “el concepto de Imperio propone un régimen que abarca
la totalidad espacial del mundo ‘civilizado’ ” (H&N, 2002: 16).
44. ¿Acaso Negri
piensa que lo que primero se produce en Europa Occidental y Estados Unidos
luego se repite y extiende de manera ampliada a nivel periférico? Esa era la
base teórica de la sociología
estructural—funcionalista que entró en crisis en los ’60 a partir de la teoría
de la dependencia.
45. A pesar de
que más adelante Imperio define al eurocentrismo como una “contrarrevolución a
escala mundial” (Negri y Hardt, 2002: 83), el criterio elegido y utilizado por
Negri para periodizar el tránsito del imperialismo al Imperio y de la
modernidad a la posmodernidad sigue siendo eurocéntrico.
46. No resulta
por ello casual que en Imperio y también en sus libros anteriores el filósofo
señale el ‘68 italiano (en Europa) como inflexión histórica mundial sin dar
cuenta de la guerra de Vietnam (en Asia), la revolución cubana y su influencia
(en América Latina), ni la guerra e independencia de Argelia (en África). Para
Negri el mundo ‘civilizado’ sigue recluido en Europa occidental y, a lo sumo,
Estados Unidos.
47. A la hora de
legitimar semejante planteo eurocéntrico, Negri apela a la herencia más
‘progresista’ y eurocéntrica de Marx. Un Marx a su imagen y semejanza. Por ello
sostiene que “La cuestión central es que Marx podía concebir la historia fuera
de Europa sólo como moviéndose estrictamente a lo largo del camino ya recorrido
por la propia Europa” (H&N, 2002: 120).
48. ¿Qué Marx es
éste que en Imperio Negri cita con tanto entusiasmo? Pues el Marx que escribió
la serie de artículos para el periódico estadounidense New York Daily Tribune
en 1853 acerca del gobierno británico en la India. Allí Marx cuestiona en el
terreno de la ética las brutalidades más atroces de la dominación británica
sobre la colonia India pero prácticamente festeja el avance colonial inglés.
Por entonces —1853— consideraba que éste conllevaría una especie de ‘progreso’
para la colonia y promovería un potencial desarrollo de las fuerzas productivas
para la India. Esta visión eurocéntrica no había sido demasiado diferente a la
ya planteada en el célebre Manifiesto del partido comunista (1848) cuando Marx
y Engels sostenían: “Merced al rápido perfeccionamiento de los instrumentos de
producción y al constante progreso de los medios de comunicación, la burguesía
arrastra a la corriente de la civilización a todas las naciones, hasta las más
bárbaras (...) Del mismo modo que ha subordinado el campo a la ciudad, ha
subordinado los países bárbaros o semibárbaros a los países civilizados, los
pueblos campesinos a los pueblos burgueses, el Oriente a Occidente” (Marx y
Engels, 1975 [a]: 38). En la misma tonalidad sostiene Marx dos años más tarde:
“El oro californiano se vierte a raudales sobre América y la costa asiática del
Pacífico y arrastra a los reacios pueblos bárbaros al comercio mundial, a la
civilización” (Marx y Engels: 1975 [b]: 192).
49. La presencia
del eurocentrismo en estos escritos de Marx de la segunda mitad de la década de
1840 y primera mitad de la década de 1850 ha sido ampliamente analizada y
cuestionada por los propios marxistas durante los últimos años. Los estudiosos
del problema también demostraron que el Marx maduro, el de las décadas de 1860,
1870 y sobre todo los primeros años de la de 1880 cambió rotundamente su visión
del asunto 1 . Ese Marx maduro
realiza un notable viraje que lo conduce a revisar muchos de sus propios
juicios anteriores en torno a la periferia del sistema mundial: por ejemplo,
sobre China, India y Rusia e incluso sobre los países atrasados, coloniales y
periféricos dentro mismo de la Europa del siglo XIX como España e Irlanda.
50. Negri, un
pensador sumamente erudito y notablemente informado sobre los debates
académicos de las últimas décadas, no menciona ni uno solo de los escritos
periodísticos o las hoy célebres cartas de Marx —como la que le envía en 1881 a
Vera Zasulich— en este sentido. En estos materiales Marx reflexiona sobre vías
alternativas y distintas a las europeas occidentales de desarrollo histórico,
concibiendo a éste último de una manera mucho más matizada y totalmente ajena
al determinismo evolucionista. También cuestiona su propia visión de 1853 sobre
el colonialismo ‘progresista’ de Gran Bretaña en la India. En esa carta de 1881
llega a afirmar que, a partir del avance inglés, no sólo la India no fue para
adelante, sino que fue para atrás.
51. Negri pasa
olímpicamente por alto estos numerosos escritos de Marx, a pesar de que han
sido traducidos, editados, analizados y ampliamente discutidos en las
principales universidades europeas y latinoamericanas durante los últimos años.
52. Al apoyarse
en la supuesta ‘autoridad’ de Marx para festejar y celebrar el carácter
avasallante y arrollador de la globalización, Negri no puede hacer otra cosa
que desconocer y obviar esos escritos donde el propio Marx cuestiona la
centralidad absoluta de la sociedad moderna euro—norteamericana y la idea de
‘progreso necesario’ que traería la expansión mundial del capitalismo.
53. De allí que
en Imperio Negri termine dibujando un Marx a imagen y semejanza de su propio
planteo. Sólo partiendo del pensamiento del último Marx —el más maduro y el más
crítico del eurocentrismo— se podría periodizar con mayor rigor el desarrollo
del capitalismo desde un horizonte auténticamente mundial, no segmentado,
provinciano o regional.
4) TESIS IV: LA
PERIODIZACIÓN DEL CAPITALISMO Y ‘SUS MODOS DE REGULACIÓN’ PROPUESTA POR NEGRI
EN IMPERIO, AUNQUE PRETENDE TENER UN RANGO Y UN ALCANCE UNIVERSAL, EN REALIDAD
SE SUSTENTA EN UN MARCO DE REFERENCIA ESTRECHAMENTE LOCAL Y PROVINCIANO (EL
NORTE DE ITALIA)
54. En Imperio
nuestro autor intenta homologar tres procesos diferentes en un mismo trazo: el
pasaje del imperialismo al Imperio, la transmutación de la modernidad en
postmodenidad —como si una viniera cronológicamente después de la otra y no
fueran coexistentes y combinadas— y, finalmente, el agotamiento del fordismo
reemplazado por el postfordismo. Lo llamativo del caso reside en el criterio
elegido por Negri para periodizar estos tres pasajes.
55. El filósofo
adopta como parámetro exclusivo de la inflexión de cada etapa el auge de las
luchas del ‘68 italiano; la siguiente década italiana que llega hasta la
derrota de 1977, signada por la autonomía; y la innovación de las grandes
empresas capitalistas italianas.
56. Esto
significa que Negri intenta describir y explicar un fenómeno universal —la
generalización y expansión del modo de producción capitalista para el conjunto
del orbe— partiendo de un criterio exclusivamente local, circunscripto ni
siquiera a toda Italia, sino tan sólo a las ciudades del norte industrial. La
consecuencia no deseada de su planteo (que se origina en un balance maduro de
su propia experiencia política anterior) es la limitación provinciana de lo que
debería ser, según su propósito inicial, un marco de análisis mundial destinado
a periodizar la lógica general que
adquiere el capitalismo globalizado en todo el planeta.
57. Obviamente,
no está mal que Negri haya partido de su experiencia vital para pensar el
problema. Lo que resulta incorrecto es que haya generalizado esa experiencia
biográfica como si correspondiera a ‘la historia mundial’.
5) TESIS V: A
PESAR DE LA UTILIZACIÓN DEL LENGUAJE CLÁSICO DE LA IZQUIERDA, EN IMPERIO NEGRI
DECRETA LA MUERTE (SÚBITA) DE LA DIALÉCTICA MARXISTA Y PRETENDE REEMPLAZARLA
POR LA METAFÍSICA DEL POSTESTRUCTURALISMO
58. El
postestructuralismo ejerce sobre el lector neófito —obviamente no es el caso de
Negri— una fascinación inmediata. Este fenómeno se repite una y otra vez con
quien se choca por primera vez con este tipo de escritos. Pero el encantamiento
dura poco. Una vez que se decanta la fascinación inicial, puede apreciarse cómo
el postestructuralismo corre el riesgo de merodear sobre un ramillete de
conflictos y dominaciones puntuales sin llegar a vislumbrar el nexo global que
subordina, incorpora y reproduce cada una de estas opresiones específicas al
interior del modo de producción capitalista. Estos conflictos son de géneros,
de etnias, de culturas, generacionales, nacionales, ecológicos, de minorías
sexuales, etcétera.
59. La filosofía
postestructuralista deja una peligrosa y tentadora puerta abierta para sublimar
la lucha contra cada una de estas opresiones sin apuntar al mismo tiempo contra
el corazón del sistema capitalista como totalidad. De forma análoga, la
apología de ‘contrapoderes’ (siempre locales) —tema preferido de Foucault en su
académicamente celebrada Microfísica del poder— muchas veces termina aceptando
resignadamente una impotencia frente al poder sin más.
60. A pesar de no
ser un recién llegado a la filosofía ni un aficionado, al Negri exiliado en
París que viene de una derrota (la del movimiento de la izquierda
extraparlamentaria italiana de los ‘60 y ‘70), el rechazo posestructuralista de
la totalidad (y de la toma del poder mediante una revolución política), al
igual que su adscripción a la metafísica pluralista de los nuevos sujetos
sociales, le caen en la mano como anillo al dedo. No duda un segundo en adoptar
las nuevas formulaciones.
61. Al empaparse
de la cultura filosófica hegemónica en la Academia de Francia durante los ‘70 y
comienzos de los ‘80, Negri hace suyos muchos de los presupuestos que estas
corrientes universitarias traían consigo. Por una parte, Foucault, Deleuze y
Guattari le proporcionan la jerga y la metafísica postestructuralista, centrada
en la teoría del ‘biopoder’ y en la revalorización del antiguo pluralismo de
origen liberal, leído ahora en clave de izquierda. Una lectura que mantiene no
pocos guiños hacia la tradición anarquista. Por otra parte, el pensamiento de
Louis Althusser —en su fase ‘autocrítica’ de los años ’70 y ‘80, afín al
eurocomunismo del Partido Comunista Francés (PCF)— le facilita adoptar uno de
los lugares comunes a los principales pensadores franceses de aquellos años: la
(supuesta) muerte del sujeto y el abandono de la dialéctica. Expresión
filosófica, por aquel tiempo, del abandono eurocomunista de todo planteo
revolucionario.
62. A partir de
entonces, Negri no se despegará más de esta nueva manera de entender la
transformación social. Mientras rechaza las formas despóticas y estatalmente
centralizadas del stalinismo, al mismo tiempo el Negri exiliado, fascinado con
el posestructuralismo, comienza a rescatar y revalorizar la vieja tradición
pluralista que hasta entonces había pertenecido mayormente —en la historia de
las ideas políticas— al acervo del liberalismo. Realiza esa adopción mediante
un lenguaje muchas veces críptico, signado por numerosos neologismos que tanto
le deben al estilo francés, típicamente académico, de Deleuze y Guattari.
63. De allí en
más, a partir de su segundo exilio francés, Negri se apropia de todo el
lenguaje del postestructuralismo intentando traducir las ideas del obrerismo y
sobre todo del autonomismo italianos a la jerga filosófica francesa por
entonces en boga. Cada página de Imperio es una fiel expresión de ese intento
de traducción. Él mismo lo admite cuando identifica la genealogía del concepto
de ‘biopoder’, remitiéndola directamente a la obra de Foucault.
64. Se comprende
entonces por qué, en octubre de 1984, Negri le escribe una carta a Félix
Guattari diciéndole sin ninguna prevención: ‘Totalidad: es siempre la del
enemigo’. Una afirmación metodológica que hubiera espantado a Karl Marx.
Recordemos que éste último, en los Grundrisse (borradores de El Capital a los
que Negri le dedicó su libro Marx más allá de Marx) había señalado a la
categoría de ‘totalidad concreta’ como el concepto central de toda su
metodología, su crítica de la economía política y su concepción de la
dialéctica.
6) TESIS VI: LA
VIRULENTA CRÍTICA DE NEGRI A LA TRADICIÓN FILOSÓFICA DIALÉCTICA Y EL INTENTO DE
IMPERIO POR EXPURGAR DEL PENSAMIENTO EMANCIPADOR CONTEMPORÁNEO TODA REFERENCIA
A HEGEL CONSTITUYEN UN INTENTO TARDÍO POR VOLVER A PONER EN CIRCULACIÓN LAS
VIEJAS Y DEVALUADAS LECTURAS DELLAVOLPIANAS Y ALTHUSSERIANAS DEL MARXISMO.
65. Aunque las eufóricas
reseñas periodísticas sobre Imperio publicadas en los grandes medios de
comunicación lo desconozcan, la ‘nueva’ filosofía y el ‘nuevo’ pensamiento de
Negri no hacen más que reactualizar en clave posestructuralista las antiguas
perspectivas filosóficas de la escuela de Galvano Della Volpe (en la Italia del
primer lustro de los ‘60) y, fundamentalmente, de Louis Althusser y sus
discípulos (en Francia, durante su ‘autocrítica’ del primer lustro de los ‘70).
66. Después de la
posguerra, y sobre todo de la muerte de Stalin (1953), el Partido Comunista
Italiano permite que florezcan cien flores y que se abran cien escuelas
ideológicas... siempre bajo la condición de que acaten unánimemente su línea
política oficial: la institucionalización de la clase obrera italiana dentro
del corsé empresario, las redes de la disciplina de la FIAT y el estado burgués
keynesiano.
67. Entre esas
‘cien flores’ toleradas y permitidas, el PCI se encuentra por entonces dividido
entre dos corrientes. La mayoritaria se postula como heredera de Gramsci, cuyos
Cuadernos de la cárcel son leídos e interpretados desde la óptica de la
ortodoxia marxista a través del filtro oficial elaborado por Palmiro Togliatti,
el viejo líder político del PCI desde el encarcelamiento de Gramsci. La otra
vertiente, minoritaria pero muy influyente, es encabezada por el filósofo
Galvano Della Volpe.
68. La primera de
estas dos corrientes, formada por los filósofos Luciano Gruppi, Incola Badaloni
y Cesare Luporini, entre otros, entiende el pensamiento marxista como una
filosofía que otorga a la historia un lugar metodológico central en su
reflexión. De allí que se la conozca en aquellos años como el grupo
‘historicista’. Junto con la dimensión histórica, estos marxistas herederos de
Gramsci también le atribuyen a la categoría filosófica de praxis un lugar
destacado en sus libros y artículos.
69. La concepción
del mundo de Marx es para el grupo historicista una filosofía de la praxis que
hace suya la dialéctica de Hegel. Al mismo tiempo, este grupo de filósofos
comunistas reivindica como tradición propia para los revolucionarios italianos
la herencia cultural de pensadores humanistas como Giordano Bruno y
Giambattista Vico.
70. La segunda
vertiente dentro del PCI, encabezada por Galvano Della Volpe y nutrida por sus
discípulos Lucio Colletti, Mario Rossi, Giulio Pietranera, Nicolao Merker y
otros, postula en cambio un marxismo menos humanista y más cientificista. Este
otro tipo de marxismo se encuentra mucho más cercano y proclive a la herencia
experimental de Galileo Galilei. Por oposición a los gramscianos, se muestra
extremadamente crítico de la dialéctica de Hegel.
71. La mayor
confrontación teórica entre ambos sectores intelectuales ocurre en 1962, cuando
se produce en diversas revistas y periódicos italianos de izquierda una
discusión abierta entre los partidarios de las dos tradiciones filosóficas
comunistas.
72. A lo largo de
toda su trayectoria, Toni Negri, a diferencia de los pensadores Mario Tronti y
Massimo Cacciari (con quienes compartió su primera militancia), nunca se acercó
al PCI, ni en el terreno político ni en la órbita filosófica. No obstante, en
las numerosas observaciones críticas que Imperio dedica al cuestionamiento de
la herencia dialéctica de Hegel pueden rastrearse las huellas o al menos los
ecos inconfesados de una atenta lectura de los escritos antihegelianos de
Galvano Della Volpe. No casualmente Negri señala, en un pasaje irónico de un
relato autobiográfico, que: “En Italia todos eran hegelianos, entonces, entre
el final de la guerra peleada y el comienzo de la guerra fría: el tío Benedetto
Croce y los sobrinos gramscianos” (Negri, 1993: 18). Allí pone en la misma
bolsa a los liberales burgueses discípulos de Benedetto Croce y a los
comunistas seguidores de la línea filosófica oficial del PCI impulsada por
Togliatti y cuestionada por Della Volpe.
73. En forma
paralela al impulso contra Hegel que la escuela filosófica de Galvano Della
Volpe estaba promoviendo en el comunismo italiano, Althusser y sus discípulos
encabezaron en Francia una arremetida anti—hegeliana de largo aliento. El
principal objeto de crítica de esta escuela era Roger Garaudy y su “humanismo”.
Althusser cuestionó duramente el marxismo hegelianizante en el que bebía
Garaudy —quien había publicado poco antes Dios ha muerto, un estudio sobre
Hegel. No obstante, a diferencia de la crítica externa contra Garaudy de
Foucault, Deleuze y Guattari, su impugnación del humanismo marxista se
desarrolló estrictamente dentro de las mismas estructuras partidarias del Partido
Comunista francés (PCF).
74. También
polemizando con Roger Garaudy, pero desde dentro de este PC francés, Louis
Althusser encabeza a inicios de los ‘60 una de las empresas teóricas más
influyentes de aquellos años. Como profesor de la Escuela Normal Superior de
París, Althusser dirigió en 1964 y 1965 —principalmente durante el verano de
1965— un seminario famosísimo de lectura sobre El Capital de Karl Marx.
75. Producto de
este seminario se publicó la obra colectiva Lire le Capital, traducida al
español como Para leer El Capital, donde además de Althusser escribían sus
discípulos Etienne Balibar, Roger Establet, Pierre Macherey y Jacques Ranciere.
Ese libro haría historia.
76. Garaudy
pretendía legitimar las posiciones internacionales del Partido Comunista de la
Unión Soviética en defensa de su coexistencia pacífica con los Estados Unidos
apelando a la ideología del ‘humanismo’.
77. Mediante esta
filosofía, Garaudy argumentaba que tanto soviéticos como norteamericanos eran
en última instancia, más allá de los conflictos ideológicos, ‘personas’ que
pueden convivir en paz.
78. Althusser y
su escuela atropellaron sin piedad contra este ‘humanismo’. Rechazando este
entendimiento con las potencias capitalistas, Althusser y sus discípulos
caracterizaron al humanismo lisa y llanamente como ideología burguesa. A la
categoría de ‘hombre’ la denominaron terminantemente ‘mito de la ideología
burguesa’.
79. ¿En qué
consistía el eje de su argumentación? En que toda la ideología del ‘humanismo’ giraba
en torno a los conceptos de ‘hombre’, de ‘esencia humana’ —lo común a todos los
seres humanos, más allá de las clases sociales y los sistemas políticos
enfrentados—, de ‘alienación’ —la pérdida de la esencia humana— y
fundamentalmente de ‘sujeto’. De este modo, Althusser y sus discípulos
proponían a todos los marxistas renunciar a esos conceptos teóricos debido a
que conducían hacia posiciones burguesas.
80. En uno de sus
más polémicos ensayos, en junio de 1964, Althusser llegó a sostener que el marxismo
no sólo no es un ‘humanismo’, sino que incluso es un anti—humanismo teórico.
Esa posición, central en sus libros de los ‘60, a pesar de sus autocríticas de
los ‘70, vuelve a aparecer intacta en sus últimos escritos y entrevistas
publicados durante los ‘80, poco antes de morir. Por ejemplo, en la entrevista
que Althusser le concede a la profesora mexicana Marisa Navarro —texto que se
publica en 1988 bajo el título Filosofía y marxismo— insiste otra vez con que
la categoría de ‘el hombre’ —tan cara a Garaudy— equivale al sujeto de derecho,
libre de poseer, vender y comprar en el mercado, es decir... al sujeto burgués.
81. Entre este
último texto de los ‘80 y aquellos del ‘60 media la famosa ‘autocrítica’ de
Althusser de junio de 1972. Su libro se llamará precisamente Elementos de
autocrítica. En ella, el celebrado autor de Lire le Capital se cuestiona muchas
categorías suyas anteriores: su definición de la filosofía, la relación entre
la teoría y la política, la relación entre la ciencia y la ideología, su débil
atención a la lucha de clases, etc., etc. Casi todo excepto su anti—humanismo y
su crítica del sujeto.
82. Negri sigue
atenta y puntualmente esa evolución ideológica, sin la cual poco se comprende
de las afirmaciones filosóficas de Imperio, sumamente críticas de la concepción
dialéctica.
7) TESIS VII: EL
‘NOVEDOSO’ REEMPLAZO DEL BINOMIO HEGEL—MARX POR EL DE MAQUIAVELO—SPINOZA
PROPUGNADO POR IMPERIO NO HACE MÁS QUE DESARROLLAR ESTRICTAMENTE EL PROGRAMA
FILOSÓFICO FORMULADO POR LOUIS ALTHUSSER —EN TOTAL SINTONÍA POLÍTICA CON LA
MUTACIÓN EUROCOMUNISTA DEL PC FRANCÉS— A PARTIR DE LOS ‘60
83. El filósofo
judío Baruch Spinoza ha tenido y tiene en la filosofía de Toni Negri una
importancia fundamental. A él le dedica su celebrado libro —escrito en prisión—:
La anomalía salvaje. Ensayo sobre poder y potencia en Baruch Spinoza (1981).
84. En
consecuencia, para los lectores de Imperio, uno de los ejes de la filosofía de
Althusser que resulta imprescindible conocer reside en aquellos tramos donde
éste último se explaya sobre la relación del marxismo con Spinoza. En ellos,
Althusser reconoce que, para poder someter a crítica la dialéctica de Hegel, no
tuvo más remedio que dar un ‘rodeo’. Ese rodeo se llama justamente Spinoza.
85. ¿Qué adopta
Althusser de Spinoza? En Para leer El Capital subraya “El hecho de que Spinoza
haya sido el primero en plantear el problema del leer, y por consiguiente del
escribir, siendo también el primero en el mundo en proponer a la vez una teoría
de la historia y una filosofía de la opacidad de lo inmediato” (Althusser,
1988: 21). ¿A qué hace referencia Althusser con ‘la opacidad de lo inmediato’?
A la teoría marxista de la ideología, según la cual todo conocimiento
inmediato, todo sentido común, todo conocimiento que no sea científico, es
opaco, está teñido necesariamente por la ideología y por lo tanto no permite
alcanzar la verdad de lo real. Al caracterizar a Spinoza como ‘el primer
filósofo en el mundo’ en haber sentado las bases de la teoría marxista de la
ideología, Althusser construye una estrecha unidad entre Marx y Spinoza... a
despecho de Hegel. Ya no es Hegel el antecedente de Marx, sino Spinoza.
86. Esa altísima
valoración de Althusser sobre Spinoza vuelve a aparecer en Elementos de
autocrítica cuando le dedica al pensador judío un capítulo entero. En él
sostiene que lo que adopta de Spinoza es en primer lugar su rechazo de toda
trascendencia teleológica. También hace suya su defensa de una teoría de la
causalidad sin trascendencia.
87. En segundo
lugar, lo que Althusser toma de Spinoza es su concepción de la realidad como un
todo sin clausura —es decir, como un proceso de desarrollo que no se cierra al
final, que no termina nunca. Ambos núcleos spinozianos le sirven a Althusser
para cuestionar duramente a Hegel y su filosofía dialéctica. Hegel creía que
toda realidad sólo encontraba su sentido y su verdad más allá de ella misma, en
una finalidad —o teleología— superior que se encontraría al final de su proceso
de desarrollo, pero que ya estaría preanunciada desde su mismo origen. Por el
contrario, para Althusser, el comunismo no constituye el final feliz de la
historia humana, reasegurado de antemano.
88. En su
autocrítica de los primeros años ‘60, Althusser atribuye a la herencia de
Spinoza sus mejores logros —el haber podido rechazar a Hegel— y sus peores
errores —el haber subestimado la lucha de clases. Allí, en Elementos de
autocrítica, Althusser reconoce que si bien Spinoza le ha servido para dejar de
lado la dialéctica de Hegel, al mismo tiempo le ha tendido una trampa. Como
Spinoza no había concebido la realidad como una sustancia en proceso atravesada
por contradicciones, entonces Althusser, partiendo de su pensamiento, no ha
podido crear un marxismo centrado en las contradicciones de clase, en las luchas
de clases. Este cuestionamiento se lo hicieron muchísimos pensadores cuando
criticaron su libro Para leer El Capital.
89. La adopción
‘marxista’ del pensamiento de Spinoza (y el consiguiente rechazo de las
violentas contradicciones en las que se asentaba el marxismo dialéctico)
fueron, en el pensamiento político de Althusser, funcionales a sus simpatías
maduras por la renuncia eurocomunista a tomar el poder mediante una revolución.
90. Althusser
falleció en 1990. Antes de morir, en 1985, había redactado su autobiografía.
Ésta se publicó póstumamente en 1992 con el título El porvenir es largo. En
ella vuelve sobre la sombra insepulta de Spinoza. En esos manuscritos explica
que lo que lo llevó a saltar por encima de Hegel para construir la genealogía Maquiavelo—Spinoza—Marx
(cuya ‘originalidad’ muchos atribuyen, erróneamente, a Negri y su Imperio) ha
sido precisamente la idea spinozista del ‘pensamiento sin origen ni fin’.
91. Toni Negri
toma contacto con Althusser en su primer exilio francés de 1977. Son los años
inmediatamente posteriores a la autocrítica. Más tarde, cuando regresa a
Francia para exiliarse por segunda vez, durante catorce años, vuelve a chocarse
con el pensamiento de Althusser. De él adopta la crítica terminante contra la
categoría filosófica de sujeto y contra Hegel. Aunque es probable que ya haya
incursionado antes en esta crítica debido a la influencia de la escuela
italiana de Della Volpe, a pesar de que en su primera juventud Negri había
publicado en Padua Estado y Derecho en el joven Hegel. Estudio sobre la génesis
iluminista de la filosofía jurídica y política de Hegel (1958).
92. Cuando muchos
medios de comunicación celebran entusiasmados y de forma completamente superficial
la crítica de Imperio a la dialéctica, no siempre queda en claro cuál es la
fuente íntima de ese rechazo. En Imperio Negri vuelve puntualmente sobre
Althusser rescatando de él precisamente su crítica del sujeto y su inscripción
anti—humanista. Así plantea que “El antihumanismo que fue un proyecto tan
importante para Foucault y Althusser en los ‘60 puede ser efectivamente ligado
con una batalla que peleó Spinoza trescientos años antes” (H&N, 2002: 95).
93. Althusser
será justamente la gran autoridad marxista europea en la que se apoya Negri
para construir, retrospectivamente, una línea filosófica alternativa a la
clásica conjunción que en el campo de la izquierda vincula a El Capital de Marx
con la Ciencia de la Lógica de Hegel. De la mano de Althusser, en Imperio Negri
construye una genealogía histórica anti—hegeliana —y anti—dialéctica—
vinculando a Marx con Maquiavelo y Spinoza. Esa vinculación que erróneamente
muchos medios de comunicación atribuyen a la genial originalidad de Negri,
sigue puntual y exactamente, oración por oración y palabra por palabra, las
detalladas indicaciones de Althusser.
94. ¿Por qué
Spinoza y no Hegel? ¿Por qué el materialismo y no la dialéctica? Pues porque en
Imperio Negri asocia la dialéctica de Hegel, no con la crítica revolucionaria
contra el orden existente (como hacía Marx en el epílogo de 1873 a la segunda
edición alemana de El Capital) sino con la apología del Estado.
95. A los ojos de
Negri, si Spinoza expresa el surgimiento democrático de la multitud, Hegel en
cambio corona todo ‘el desarrollo contrarrevolucionario de la modernidad’ y
representa el momento represivo estatal. Para describir esta vía Negri recurre
a una cuádruple homologación:
8) REPRESENTACIÓN
= ABSTRACCIÓN Y CONTROL = MEDIACIÓN = ESTADO
96. Al realizar
esta caracterización, Negri vuelve a repetir textualmente los viejos y
remanidos reproches que Eduardo Bernstein había formulado —un siglo atrás—
contra Hegel y el método dialéctico en su obra clásica Las premisas del
socialismo y las tareas de la socialdemocracia (1899). De este modo, Negri deja
expresamente de lado, sin siquiera mencionarla, la extensísima bibliografía
filosófica (desde el joven György Lukács hasta Herbert Marcuse, pasando por
Henri Lefebvre, Jacques D’Ont o nuestro Carlos Astrada) que interpreta a Hegel
como un pensador burgués progresista, no como un apologista del Estado.
97. De esta
forma, Negri culmina uniendo la crítica de la escuela italiana de Della Volpe y
Colletti contra la categoría hegeliana de ‘mediación’ —supuestamente por ser
especulativa, metafísica y por no permitir el desarrollo experimental de la
ciencia— con la crítica de la escuela francesa de Althusser a las categorías
hegelianas de ‘sujeto’ y ‘teleología’. A caballo de ambas críticas, en Imperio Toni
Negri culmina disparando un ataque frontal contra todo el pensamiento
dialéctico.
98. Si no se
conoce el suelo filosófico del que se nutre ese ataque frontal contra la
dialéctica que ensaya Imperio, se corre el riesgo —habitual en numerosas
aproximaciones superficiales y de último minuto a la obra de Negri— de no
comprender a fondo las razones de semejante pasión anti—hegeliana.
99. Con estas
siete ‘tesis’ —que en realidad constituyen opiniones nuestras sobre núcleos
problemáticos irresueltos por Negri— simplemente nos proponemos contribuir,
críticamente, al debate sobre Imperio. Las discusiones sobre esta obra
seguramente se prolongarán con la publicación de la segunda parte del texto que
sus autores están actualmente redactando. Sea cual sea el resultado de ese
debate, lo cierto es que para sopesar equilibradamente el valor, los aportes y
sobre todo las falencias de Toni Negri y su teoría política, deberemos hacer un
esfuerzo por pensar a contracorriente. Más allá de modas, ‘ondas’ y furores. Estas
líneas pretenden tan sólo aportar un pequeñísimo granito de arena en ese
sentido.
II. BIBLIOGRAFÍA
Althusser, Louis
1988 (1965) Para leer El Capital (México: Siglo XXI).
Hardt, Michael
y Negri, Antonio 2002 Imperio (Buenos Aires: Paidós). Edición original: Empire ( Cambridge, Mass.:
Harvard University Press, 2000). Hemos utilizado asimismo
la traducción de Eduardo Sadier, mimeo, de más temprana circulación vía
internet).
Kohan, Néstor
1998 Marx en su (Tercer)Mundo (Buenos Aires: Biblos).
Marx, Karl y
Engels Friedrich 1975 [a] (1848) Manifiesto del
partido comunista (Buenos Aires, Anteo).
Marx, Karl y
Engels Friedrich 1975 [b] (1850) Materiales para la historia de
América Latina. (México: Siglo XXI) [Preparación, traducción e introducción de Pedro
Scarón].
Negri, Antonio
1993 “Meditando sobre la vida: autorreflexión entre dos guerras”, en Anthropos
(Barcelona), N°144.
Notas
* “Conferencia
Internacional Carlos Marx y los desafíos del siglo XXI”, realizada en la ciudad
de La Habana (Cuba) entre los días 5 y 8 de Mayo de 2003. Docente e investigador de
la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo (UPMPM) y de la Universidad de
Buenos Aires (UBA). Jurado del Premio Internacional Casa de las Américas
(género ensayo) en 2001. Ha publicado siete libros sobre temas vinculados al
marxismo, colaborado en varios libros colectivos sobre teoría y filosofía
política, y publicado artículos académicos en España, Alemania, México,
Venezuela, Suecia, Cuba e Italia. Actualmente coordina el “Seminario de Lectura
Metodológica de El Capital de Karl Marx” y la “Cátedra Libre Ernesto Che
Guevara” en la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo.
Fuente: http://www.lajiribilla.cubaweb.cu/2003/n105_05/conferencias/kohan.pdf
1 Esa es una de las hipótesis centrales de nuestro
libro Marx en su (Tercer)Mundo (Kohan,1998).
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