México
1968: Tlatelolco y medios
Jenaro Villamil *
EL 3 DE OCTUBRE, hace 35 años, los medios callaron. El largo monólogo entre el poder político y la prensa sólo fue excepcionalmente alterado por el cartonista Abel Quezada, por revistas de circulación restringida como Por Qué?, por suplementos culturales como el de Siempre! e, inclusive, por programas radiofónicos como El cine y la crítica, realizado por Carlos Monsiváis y Nancy Cárdenas en Radio UNAM. Jacobo Zabludovsky, en la pantalla televisiva, reprodujo la versión oficial, pero tuvo la osadía de salir a cuadro con una corbata negra, suficiente para que el propio Gustavo Díaz Ordaz lo reprendiera. La empresa controladora de distribución de papel, PIPSA, en su reporte del 30 de septiembre, documentó que los periódicos le adeudaban 64 millones de pesos, y este mecanismo de control fue utilizado ampliamente para inducir las versiones publicadas en El Sol de México, Novedades, Excélsior, El Universal, El Heraldo y El Nacional, como documenta en su último número la revista Zócalo.
EL CAMBIO EN los medios de información después de siete lustros es inegable. Aquellas emisiones de Monsiváis en Radio UNAM no sólo rompieron la censura, sino también inauguraron un periodismo irreverente, irónico contra los argumentos circulares de una clase política que, al unísono, avaló la paranoia diazordacista. Ahí comenzó un periodismo distinto, que tan incómodo le ha resultado a la clase política. De aquel poderoso Excélsior (que adeudaba a PIPSA 5 millones 129 mil pesos) ya no queda nada, más que el recuerdo del “golpe” echeverrista contra Julio Scherer y un equipo de periodistas que crearon una generación de nuevos medios: Proceso, Unomasuno, La Jornada. La liberalización periodística en la radio y la televisión ha sido más tardía, difícil y contradictoria, pero resulta ya irreversible. Los medios electrónicos han tenido que pasar del monólogo con el poder a un diálogo desigual, pero intenso, con la sociedad; del privilegio y la prebenda que derivan de la sumisión al silencio impuesto a cambio de las concesiones, a una batalla constante por ganar la credibilidad. ¿Quién podría imaginar hace tan sólo 10 años que, por ejemplo, Canal Once transmitiera un video como Tlatelolco, las claves de la masacre, coproducido por La Jornada y canalseisdejulio, en el cual se documenta la responsabilidad en la masacre de los ex presidentes priístas Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría? ¿Se podía pensar que en los tiempos del Tigre Azcárraga la XEW hiciera una revisión crítica y no sólo críptica de la paranoia anticomunista de Díaz Ordaz, como sucedió la semana pasada en los programas conducidos por Javier Solórzano y Carmen Aristegui?
LA COBERTURA DE los medios frente a la marcha conmemorativa de 35 años de la masacre, si bien privilegió las imágenes y los reportes de la violencia provocada por un grupo de 250 jóvenes en la ciudad de México, tuvo también otra característica importante: prácticamente todos coincidieron en destacar que el expediente no está cerrado, que no se ha hecho justicia, que los represores ahí siguen (basta ver la sucesión de cartones que acusan a Echeverría), que la impunidad no se puede maquillar con una fiscalía que ha dado escasos resultados.
OTRO INGREDIENTE IMPORTANTE fue el espacio que las cadenas informativas extranjeras le dieron a la conmemoración del 2 de octubre. CNN y BBC coincidieron en señalar que el gobierno de Vicente Fox no ha cumplido su promesa de resolver la masacre. “La matanza de Tlatelolco, uno de los episodios más sangrientos de la historia reciente de México, mantiene abierto el debate sobre la impunidad policial y militar en el país y es una tarea pendiente de Fox, quien al asumir el poder se comprometió a castigar a los culpables”, reportó CNN el 3 de octubre. A su vez, la británica BBC editorializó: “Hasta el momento, la fiscalía especial no ha arrestado a nadie, por lo que existe gran escepticismo por parte de los familiares de las víctimas y en general de la sociedad civil, de que algún día se esclarezcan los hechos”. Su corresponsal, Elvia Narica, reprodujo las declaraciones de Alberto Quintanar López publicadas en La Jornada.
ESTA ES UNA DE las claves fundamentales de la liberalización informativa en México: la propia globalización defendida por una generación de gobernantes priístas, que ascendieron al poder después del 68, no puede frenar el escrutinio internacional. Los viejos códigos del aislacionismo ya no operan bajo las reglas de una apertura de fronteras mediáticas.
SIN EMBARGO, ESTE 2 de octubre también demostró los límites y contradicciones entre la liberalización informativa y los atavismos mediáticos. Lo ganado en términos periodísticos contra la censura y la autocensura parece perderse en varias ocasiones frente a los excesos del espectáculo y el escándalo mediático. Uno de estos atavismos fue la concentración de los telenoticieros en las imágenes de la violencia. La provocación de los porros y de los autodenominados “anarcos” en la marcha conmemorativa obtuvo lo que buscaban: desviar la atención, ganar “la nota”, hacer prevalecer el antidiscurso y la anécdota de la destrucción como si fuera el principal hilo conductor de los 35 años de la masacre. De la identificación de estos grupos provocadores se pasó a una riesgosa generalización simbólica: los darketos, punketos son, por definición, violentos, pendencieros, vándalos. ¿Por qué no escudriñar en otros jóvenes también darketos que no tienen relación con los porros? Fácilmente se cae en el linchamiento a los diferentes, contra aquellos jóvenes que nunca podrán ganar un casting televisivo.
EL ATAVISMO GENERACIONAL pesa mucho en los medios mexicanos. Ser joven rebelde y crítico, para no pocos comentaristas de televisión y radio, es ser violento. Por esa misma razón, por ejemplo, el 21 de septiembre en Mérida la policía arremetió contra un grupo de adolescentes tamborileros, artesanos, malabaristas, bailarines que tomaron las calles para expresarse. Se les acusó en la prensa local de ser sospechosos de “aterrorizar” a la sociedad yucateca. Y algo similar sucedió este sábado con una nada velada razzia contra jóvenes del Chopo acusados de ser diferentes, vestir diferente, verse diferentes.
POR CONTRASTE, OTRO atavismo mediático que impone la televisión frente a los jóvenes es la insistencia en presentarlos como segmento de mercado (consumidores cautivos) y no un sector de la población con puntos de vista y reclamos propios. Se les infantiliza y homogeniza bajo las reglas del reality show y el morbo (ahí están Big Brother Vip y Estrellas de novela, que pelean por establecer el rating de la evasión). Ser joven en la pantalla comercial no es demandar libertades, sino asumir voluntariamente la sumisión a la telebasura.
ESTA ES OTRA DE las tareas pendientes a 35 años del 2 de octubre: transformar el monólogo mercadológico en un diálogo liberador entre los diferentes, los diversos, los que aún están excluidos del Tlatelolco en pantalla. Es la otra asignatura en busca de la credibilidad y de la creación de puntos de vista que no se agoten en el estigma.
* “República de Pantalla”, La Jornada, 5 de octubre de 2003.
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