Las noticias, una simple mercancía

Las Megafusiones de la Comunicación: el Mundo Bajo Control

Enrique Maza *

 

En las dos últimas décadas del siglo XX se crearon inmensos conglomerados de medios de comunicación, los megamedios, corporaciones gigantes que invirtieron en televisión, cablevisión, prensa, radio y computación. Mediante la inversión de miles de millones de dólares, los medios se fundieron con compañías comerciales y les quitaron su inicial y verdadera razón de ser: se convirtieron en un negocio y dejaron de ser un servicio.

Los 12 imperios dominantes son: Disney Capital Cities-ABC; Time Warner-Turner; News Corporation, de Rupert Murdoch; Bertelsman, de Alemania; General Electric-NBC; Westinghouse-CBS, hoy CBS Inc.; Newhouse/Advanced Publications; Viacom; Microsoft; Matra-Hachette-Filipacchi; Gannett; Tele-Communications Inc. (TCI), coloso de cablevisión.

El doctor en ciencias políticas Dean Alger, que ha enseñado en Minnesota, Dakota del Norte y California, y dirigido importantes estudios en Harvard, publicó en 1998 un análisis sobre el surgimiento de los grandes imperios de los medios de comunicación, sus compraventas, sus conglomerados corporativos. El libro se titula: Megamedios. Cómo dominan los medios de comunicación, distorsionan la competencia y ponen en peligro la democracia las corporaciones gigantes. Fue publicado por Rowman & Littlefield Publishers, Inc. A continuación se presenta una síntesis, que permite entender lo que son los medios actuales, sobre todo en tiempo de elecciones.

El impacto de los megamedios

Alger explica el porqué de su libro. Los medios de comunicación son indispensables para el funcionamiento de la democracia y, en general, tienen un efecto profundo en la sociedad. Para saber si el proceso democrático de nuestra sociedad funciona, cómo funciona, si no funciona y quién lo desvía, es necesario saber de quiénes son y quiénes controlan los medios de los que dependemos para la información, para el intercambio de ideas y para la confiabilidad de imágenes y mensajes. En los medios se da, en buena parte, la conversación de la sociedad, la posibilidad de informarse y de informar, de expresar las ideas y de confrontarlas con otras. De ahí la preocupación de que la gran mayoría de los medios más importantes caigan cada vez más bajo en el control de un pequeño número de corporaciones o de personas, evidentemente ricas y poderosas, porque pueden usar —y lo hacen— los medios de comunicación en favor de sus intereses económicos, políticos o ambos.

Un ejemplo. Ted Turner, dueño, en parte, de uno de los más grandes imperios de la comunicación, dice de Rupert Murdoch, otro de los grandes dueños: “Me preocupa el inmenso control que este hombre está adquiriendo. Como el antiguo Führer, Murdoch controla los medios para su beneficio personal: dinero y poder. Piensa que debe usar sus medios para impulsar sus propios objetivos políticos. El hombre es una bolsa de basura, porque dedica sus periódicos al escándalo, al sexo, al crimen cenagoso, para apelar a los más bajos intereses humanos”.

Aumentan los periódicos que caen bajo el control de los creadores de imperios de los medios, que no tienen ningún compromiso con la sociedad, con la democracia, con la conversación social, sino que sólo “ordeñan sus propiedades de la comunicación para sacar el mayor dinero posible”. La independencia y la diversidad de la prensa responden a la necesidad de que la información no esté ligada a los intereses de nadie, ni del gobierno, ni de los grupos de interés, ni de las corporaciones, ni de los intereses financieros.

Cuando la General Electric se apoderó de la cadena NBC, el jefe de GE, Jack Welsh, instaló a su hombre Bob Right a la cabeza de la cadena de televisión. Right le dijo a Larry Grossman, presidente de la sección de noticias de la NBC: “Ahora trabajas para General Electric, y las noticias no son el núcleo del negocio”. Gerry Solomon trabajó en los noticiarios de la NBC durante 17 años. Al expirar su contrato, en 1991, renunció y explicó: “Ha cambiado la definición de calidad desde que llegó la General Electric. Ya no se trata de la calidad del reportero, sino de la calidad de las ganancias. Welsh y Right hablan de costos, y los periodistas hablamos de esas cosas banales como credibilidad, vocación y calidad profesional de las noticias, que no son cuantificables para General Electric”.

E. L. Doctorow, novelista, habla de la publicación de libros en manos de las corporaciones: “La administración corporativa cambia el gusto, simplifica lo complejo, contrata al personal que le dé lo que quiere, gradualmente va cambiando la naturaleza de los libros mismos y crea algo distinto: casi-libros, no-libros, libros-vaina (libros como chícharos en vaina), igual que hacen con los alimentos empacados para ventas rápidas y distribución masiva de sabores artificiales”.

El control de los medios de comunicación se concentra cada vez más en las corporaciones gigantes. Un buen número de estudios de las ciencias sociales demuestra que los medios tienen un impacto poderoso en el proceso político. Y muchos estudios demuestran que los medios están jugando un papel muy pobre en cuanto a proporcionar a los ciudadanos la información y el análisis en los procesos políticos y en las campañas de los candidatos, sobre todo porque las noticias se enfocan al juego político, al conflicto y a lo escandaloso.

Le importa a la sociedad saber quién es dueño de los medios de comunicación y cómo los usa para transmitir, o para no transmitir, o para distorsionar la información y las imágenes que pesan en el proceso democrático. El diálogo de la democracia depende, en gran medida, de los omnipresentes medios de comunicación.

Las consecuencias

Lawrence Grossman, antiguo presidente de NBC, observa: “Unos pocos conglomerados, que no tienen ninguna responsabilidad directa con el público, ejercen un poder extraordinario sobre las ideas y la información que el público recibe”. La mayoría de la gente descansa en los medios —televisión, periódicos, radio, revistas y libros—, para informarse y formarse una opinión sobre los asuntos públicos. Y éstos son los medios que controlan, cada vez más, corporaciones de megamedios que, además, aumentan su control sobre el entretenimiento de la gente. Murdoch: “Todos los periódicos circulan para obtener ganancias. Yo no dirijo nada por respetabilidad”.

Dean Alger distingue los campos de preocupación por el impacto de los megamedios: 1) Competencia económica injusta y distorsión de los principios del mercado. 2) Competencia desleal en el campo de la información y de las ideas a través de un dominio generalizado y de una eliminación de fuentes alternas y competitivas. 3) Deterioro de las noticias y de los materiales referentes a los asuntos públicos. 4) Degradación de la información, de los reportajes, de los artículos y de los espectáculos de entretenimiento, con el impacto consecuente en la sociedad.

Cuando la General Electric compró la NBC y la RCA, ya producía un ingreso anual de 50 mil millones de dólares. Jack Welch puso a Bob Right al frente de la cadena. Right explicó al personal de NBC: “Las noticias son un producto demasiado caro para nosotros y la NBC es un dinosaurio. Su presupuesto es de 200 millones al año. Pero nosotros no vamos a salir, con ustedes como socios, a gastar 200 millones en algo que ustedes piensan que es bueno, pero que nosotros no pensamos que sea una prioridad”. Y los ejecutivos de General Electric, igual que los ejecutivos que tomaron el mando de CBS y de ABC, procedieron de inmediato a hacer recortes de magnitud en la división de noticias y eliminaron a numerosos corresponsales y otras fuentes y recursos de información. Los noticiarios disminuyeron notablemente su capacidad para cubrir las noticias y sufrieron la presión de los corporativos para aumentar audiencias y ganancias y para concentrarse en historias baratas de crimen, escándalos y celebridades. Disminuyó sensiblemente la cobertura de los asuntos públicos.

El politólogo Robert Dahl destaca los dos criterios primarios del proceso democrático: participación efectiva y comprensión informada. De ahí que los medios de comunicación pública deban asegurar una información adecuada. “Este criterio impide justificar los procedimientos que disminuyan o eliminen información que pueda causar cambios de opinión en los ciudadanos o que pueda proporcionar más acceso a unos ciudadanos que a otros a información de importancia crucial”.

La Suprema Corte de Florida: “El derecho del público a conocer todos los aspectos de una controversia y, a partir de esa información, hacer una elección ilustrada, se está poniendo en peligro por la creciente concentración de la propiedad de los medios masivos en menos y menos manos, de lo que resulta una forma de censura privada”. La democracia, dice Dahl, “es el proceso por el cual los ciudadanos comunes ejercen un grado relativamente alto de control sobre sus líderes”. Y eso es lo que obliga a poner atención en el clima general que se crea en la sociedad.

El comunicólogo George Gerbner: “La conciencia común de lo que es importante y de lo que es correcto, es ya, en gran medida, un producto manufacturado. El modo como reflexionamos sobre las cosas, actuamos sobre ellas e interactuamos unos con otros se funda en nuestra habilidad para componer imágenes, producir mensajes y usar complejos sistemas de símbolos. Un cambio en esa habilidad transforma la naturaleza de los asuntos humanos. Hoy estamos en medio de esa transformación, que brota de la producción masiva de símbolos y de mensajes, una nueva revolución industrial en el campo de la cultura. Junto con otros cambios dramáticos, hemos alterado el ambiente simbólico que da significado y dirección a los asuntos humanos”.

Dean Alger concluye: “Los medios de hoy presentan noticias y entretenimiento deteriorados. Ven el poder, el dinero y la corrupción como los valores de la sociedad civil y como la forma dominante de comunicación pública, sobre todo desde la televisión”. Como dijo Ambrose Bierce cínicamente: “La política es la conducción de los asuntos públicos para la ventaja privada”. Para eso es necesario “conceptualizar y reforzar una condición muy atomizada de la ciudadanía”.

Cuando una organización tiene miles de millones de dólares en ingresos, controla miles de empleos y produce impuestos sustanciales, sus jefes tienen mucha influencia en el sistema político. El dinero se convierte en elemento clave del proceso político. Y cuando esa organización, además, controla medios de comunicación, se vuelve una poderosa fuerza política y social.

El senador Robert Dole hacía campaña para la Presidencia en Kansas, su estado natal, y en pocos días iba a visitar Iowa. Era diciembre de 1995. Habló en su discurso contra ciertos programas de la televisión, como los concursos, y propuso subastar los premios para obtener fondos públicos. Cuando llegó a Iowa, lo esperaba una carta del señor Evans, director de Spectrum Communications, que decía: “Si en los próximos días no ha cambiado su opinión y no ha hecho público su cambio, perderá mi apoyo. Me veré forzado a utilizar nuestros recursos (11 estaciones de televisión) para informar a la audiencia, en todos nuestros mercados, de sus planes para destruir la libertad de la televisión”.

Lee Bollinger, decano de la Facultad de Leyes de la Universidad de Michigan: Los medios de comunicación —prensa, televisión y radio— “pueden excluir importantes puntos de vista, operar como cuellos de botella en el mercado de las ideas. Pueden distorsionar el conocimiento de los asuntos públicos, no sólo por omisión, sino por falseamiento. Pueden ejercer una influencia adversa de maneras sutiles, enfatizando lo que quieren, callando lo que quieren, diciendo medias verdades, jugando con los prejuicios, infundiendo miedo en la gente, fomentando la ignorancia y apelando a la mezquindad. Y esta preocupación se vuelve más seria conforme se van haciendo más pocos los que controlan los medios”.

James Squire, periodista, que fue editor del Chicago Tribune: “En su lucha por la relevancia y por la seguridad económica en la era de la información moderna, la prensa, como institución, parece ya dispuesta a negociar su tradición y su responsabilidad pública por lo que sea que produzca un dólar”. Rupert Murdoch es el mejor ejemplo. De él dice Harry Evans, del Times de Londres: “Es un buen negociante y un pésimo periodista, en el sentido de que no cree en el periodismo como servicio público. Y puede decirse que es una persona peligrosa y traicionera”.

Ya es frecuente que en los consejos de administración de los megamedios haya muchas personas por completo ajenas al periodismo y a los medios en general, como banqueros, administradores, financieros, que tienen y ejercen poder. Los medios son compañías productoras de un producto de consumo público, y así se les trata. “Este tipo de mezclas en los directorios produce muchos males. Tiende a provocar deslealtad y violación de la ley fundamental de que nadie puede servir a dos señores”.

Richard Clurman de Time: “Los medios han pasado de ser un negocio creador y productivo a ser una gigantesca oportunidad de inversión. Ya es difícil diferenciarlos de cualquier otro negocio de la libre empresa”. Los directores de periódicos se portan cada vez más como los gerentes de cualquier otra empresa, obsesionados con las ganancias.

Gene Roberts, exeditor ejecutivo del Philadelphia Inquirer y del New York Times: “Los ejecutivos de la corporación, desde sus despachos, deciden y dan forma a la cobertura de las noticias, sin conocer siquiera la escena local, y dan soluciones de común denominador a los complejos problemas del reporteo. Y con frecuencia, la opinión corporativa es hostil al reporteo político y del gobierno”. Los periodistas se sienten vendidos a las cadenas.

Otra cosa que se ha vuelto difícil es el departamento editorial. “La mercadotecnia debe ser la reina de todos los editores”.

Y la influencia de los anunciantes. La Universidad de Marquette encuestó a los editores de periódicos. El 93% reconoció que los anunciantes influyen o tratan de influir en las noticias. La mayoría reconoció que la dirección del periódico cede a esas presiones. Y 37% de los editores admitió que también ellos han sucumbido. En una encuesta a directores de televisión, 80% reconoció que transmiten los videos de relaciones públicas de las corporaciones como notas noticiosas.

Chrysler invirtió 270 millones en publicidad, en 1996, sólo en revistas. A principios de 1997, el departamento de publicidad de Chrysler, envió esta carta a todas las revistas en las que se anunciaba: “Se exige que la Corporación Chrysler sea avisada con anterioridad de cada uno y de todo contenido editorial que toque temas sexuales, políticos y sociales, y de todo contenido editorial que pueda ser interpretado como provocativo u ofensivo. Se requiere previamente un sumario escrito que resuma los artículos importantes que aparezcan en todos y cada uno de los números de la revista que llevan publicidad de Chrysler”. Todas las revistas tenían que firmar un acuerdo al respecto. La censura previa de las corporaciones al contenido de la prensa libre. Lo mismo hacen, entre otros, Westinghouse y Procter and Gamble. Todo programa de la CBS y de la ABC, debe ser enviado a los anunciantes para su censura previa.

Carl Bernstein, del Washington Post: Nos alejamos más y más del periodismo real hacia la creación de una cultura mongoloide de “infotenimiento”, algo que no es ni información ni entretenimiento, sino “infotenimiento”. En esta nueva cultura de “cosquillas periodísticas”, estamos enseñando a nuestros lectores, radioescuchas y televidentes que “lo significativo es lo trivial, y lo sensacionalista y lo estúpido son más importantes que las verdaderas noticias”.

* Revista Proceso, México, 7 de mayo de 2000.

 

     

Cuestiones de América Nº 8, Abril de 2002

 

Regresar a la Página Principal...