Los Focos Rojos en América Latina

 

 

     A inicios de los noventa, el planeta en el que habitamos era presentado como una ocasión para una nueva era. Superado el trance del “mundo bipolar”, el desplome de la Unión Soviética, el derrumbe del Muro de Berlín y la caída del llamado socialismo real, comenzaba a suponerse que la solución a los asuntos pendientes era aprovechar las bondades de un mercado generoso para alcanzar perpetuas aspiraciones. En el contexto de una pujante civilidad luego de agotados los años de terror militar, América se preparaba para participar de esa era de bienestar que prometían las políticas globalizadoras y neoliberales, presentadas a los pueblos como un portentoso ferrocarril al que había que subirse de inmediato, so pena de quedar rezagados.

     No obstante las intenciones del “tránsito a la democracia”, con el transcurrir del tiempo advertimos que no era tan acertada la visión del fin de la historia y que tendrían que pasar más cosas para alcanzar el tan anhelado bienestar. En el proceso dos realidades se evidenciaron: aquella diseñada para aprovechar las oportunidades, que se reflejaron de inmediato en los avances macroeconómicos; y otra que olvidaba a muchos más que, no obstante la retórica o la esperanza, no alcanzaban a hacerse partícipes de las bondades. En los últimos tiempos diversos ejemplos dan cuenta de esto, y uno deja ver su dimensión: más de 260 millones de gente abajo del nivel de pobreza en todo el continente (implicando a Canadá y los Estados Unidos).

     Es en los países al sur del Río Bravo, sin embargo, donde más se evidencia el hecho, desde el derrumbe de Argentina, hasta la violencia en Colombia, la crisis en Ecuador, las debilidades de México, la pobreza en Centroamérica o la búsqueda de alternativas en Venezuela, temas entre muchos que sin duda, conformarán la problemática de la región en este 2002...

 

 

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