Más Allá de la Tragedia Humana *

 

James Petras

 

El 11 de septiembre, los medios masivos de comunicación presentaron al mundo imágenes de la tragedia humana: personas saltando por las ventanas, edificios derrumbándose, heroicos bomberos y policías muriendo en el intento de socorrer a las víctimas. Se nos dijo que 10 mil ciudadanos estadunidenses fueron víctimas de un indiscriminado ataque contra su país.

Recientes ejemplos de periodismo de investigación aportan un panorama muy distinto de lo que fueron los acontecimientos del 11 de septiembre. El número total de víctimas, según la Cruz Roja en Estados Unidos, es de 2 mil 563. Según Associated Press, hubo 2 mil 625 víctimas. Casi 40 por ciento de los fallecidos eran extranjeros trabajando en Estados Unidos. En otras palabras, el número total de víctimas en Nueva York podría no exceder los mil 500 ciudadanos estadunidenses. La cifra dada por las autoridades de Nueva York sostiene que las víctimas son el doble (4 mil 964), probablemente por motivos políticos, para lograr un mayor financiamiento por parte del gobierno federal para reconstruir el distrito financiero. La pregunta que surge es si la muerte de mil 500 ciudadanos justifica una guerra que ya ha desplazado a 3 millones de afganos y costado la vida a varios miles de civiles, ya sea por bombardeos, o bien, por desnutrición o enfermedad.

En segundo lugar, el World Trade Center (WTC) no era simplemente un "símbolo" del poder económico, sino que también era un centro de operaciones de la CIA y de los servicios secretos, según el diario británico The Guardian (2 de noviembre, 2001). El sótano, ubicado 21 metros bajo tierra, contenía cientos de armas, incluyendo rifles de asalto, ladrillos de cocaína y taxis falsos que eran usados para operaciones secretas en Estados Unidos. En otras palabras, la CIA usaba la fachada civil del WTC como un centro operativo y logístico, en el sótano de los edificios, de manera tal que arriesgaba irresponsablemente a los civiles que trabajaban en las oficinas de sus pisos superiores.

En tercer lugar, el sótano del WTC era uno de los más grandes depósitos de oro, con unos 350 millones de dólares de dicho metal. Los arrendadores del WTC incluían a los más grandes grupos financieros de Estados Unidos, quienes son directamente responsables de las más grandes apropiaciones y deudas externas en el Tercer Mundo. Entre éstos figuraban J. P. Morgan, Merril Lynch, y muchas de las principales casas financieras que ejercen el control sobre la economía mundial.

En otras palabras, esto no fue un ataque indiscriminado contra "Estados Unidos" sino un ataque político contra el principal objetivo militar-financiero, que ejercía un papel central en el imperio global estadunidense.

En el caso del ataque en Washington, el objetivo político, el Pentágono, está directamente involucrado en la planeación y aplicación de la estrategia militar estadunidense destinada a derrocar regímenes nacionalistas y socialistas, con el fin de reforzar la hegemonía global estadunidense y proteger las redes financieras y de inversión de la nación.

De todo esto surge la pregunta fundamental de si la declaración de guerra de Washington se basó en el asesinato de un reducido número de ciudadanos estadunidenses (posiblemente unos mil 500), o en el contenido político-económico del WTC y el Pentágono.

El albergar a la CIA y a los servicios secretos en un edificio estrictamente civil (el WTC) brindó una "fachada protectora" para sus actividades en Nueva York, pero colocó a los ocupantes del WTC directamente en la línea de fuego de los numerosos adversarios de la agencia.

Algunas de las víctimas del WTC eran estafadores reconocidos. Poco después del 11 de septiembre, los directivos de la compañía First Equity Enterprises, que tenía sus oficinas en las Torres Gemelas, usaron los ataques terroristas para huir con 100 millones de dólares en fondos fraudulentos.

Han salido a la superficie numerosos casos de fraude y abuso comercial, incluyendo demandas exageradas por concepto de seguros y la desaparición de millones de dólares destinados a familiares de las víctimas (el presidente de la Cruz Roja en Estados Unidos recibe un salario de 350 mil dólares). Esto no sorprende dada la sangrienta competencia que existía entre las instituciones financieras y los asesores de inversión que albergaba el WTC. Si bien no hay duda alguna de que mecanógrafas y conserjes también murieron en en el ataque, también había un número desproporcionado de financistas bien pagado y especuladores. El argumento teórico aquí es que el estallido del sentimiento bélico de Washington probablemente tiene más que ver con la "calidad" y no con la "cantidad" de las víctimas, y su influencia real sobre los mercados financieron globales.

Más aún, el momento mismo del ataque coincidió con una recesión que se hacía más profunda y sirvió para acelerar la crisis económica. En octubre, más de 450 mil personas perdieron sus trabajos, en lo que fue la más elevada cifra mensual de desempleo en toda la historia reciente del país. Evidentemente, la decisión de los terroristas no fue llevar a cabo un acto de venganza con base en criterios religiosos, sino basado en una comprensión de dónde estaba su objetivo, tanto en lo territorial como en lo económico, y buscando que éste coincidiera con un momento determinado en el ciclo económico. El lugar y el momento se eligieron para tener el máximo efecto estratégico en la economía de Estados Unidos, y no para provocar el mayor número de pérdidas humanas.

En resumen, existen dos caras del 11 de septiembre: la tregedia humana y el heroísmo personal presentado por CNN, y el conflicto por el poder político y económico entre el imperio de Estados Unidos y sus adversarios del Tercer Mundo.

Los medios de comunicación y Wash-ington manipulan la tragedia humana para distraer la atención de las dimensiones económicas y militares del conflicto. Esta manipulación se ha vuelto obvia incluso para sectores del público estadunidense. A menos de dos meses después del 11 de septiembre, los mismos bomberos neoyorquinos que fueron elogiados por el alcade por su heroísmo protagonizaron enfrentamientos ante las ruinas del WTC, al protestar por recortes presupuestales que se reflejarían en el personal que aún buscaba entre los escombros.

El alcalde Giuliani tildó a los bomberos de revoltosos delincuentes y elogió a la policía por reprimir la protesta. El alcalde ha recortado el presupuesto de los bomberos para financiar la reconstrucción del centro financiero. Los héroes de ayer son los delincuentes de hoy.

De manera similar, los beneficiarios de los subsidios federales no son los trágicos "ex empleados" que perdieron sus trabajos, sino sus patrones multimillonarios. Los empleados que sufrieron la tragedia del 11 de septiembre se han convertido en víctimas nuevamente, esta vez, a manos del gobierno de la ciudad, las de sus patrones y las de Washington.

Cuando estas víctimas de la tragedia ya no tuvieron utilidad para la propaganda política en favor de la guerra fueron desechados y reducidos a hacer cola ante las oficinas de desempleo.

Lo que estoy sugiriendo es que el 11 de septiembre fue un acto complejo en el que la tragedia humana y las cuestiones políticas estratégicas confluyeron. La explotación, la distorsión y el ocultamiento por parte del gobierno y los medios de comunicación no reduce la tragedia humana. Sin embargo, esto sí sugiere que, dada la naturaleza estratégica de los blancos de los ataques, los terroristas actuaron con una premeditación racional: si la intención era desafiar al imperio, eligieron un objetivo significativo, aunque el "daño colateral" a civiles haya sido atroz.

Traducción: Gabriela Fonseca

 

* La Jornada, México, 11 de noviembre de 2001. 

 

 

 Cuestiones de América Nš 6, Noviembre de 2001

 

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