La CIA y los Indígenas, una Lectura en Espejo

Pedro Reygadas

 

El 18 de diciembre del año pasado, los Estados Unidos, a través de su Consejo Nacional de Inteligencia, un organismo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) dio a conocer su informe “Tendencias Globales 2015”. En él hay algunas notas breves pero significativas acerca de la cuestión indígena.

En opinión de la CIA, América Latina tiene una nueva amenaza que enfrentar durante los próximos 15 años, los movimientos indígenas de resistencia. El hecho es de gran relevancia. La CIA siempre ha sido capaz de captar el pulso de los tiempos. Se opuso en forma tajante al comunismo durante toda la Guerra Fría que rigió la oposición entre países capitalistas y socialistas en la segunda posguerra mundial. Se ha manifestado sistemáticamente en contra del ejemplo de independencia de Cuba en América Latina. Ha sido vigilante de los ascensos guerrilleros desde los años 60 y 70. Se percató del ascenso de los movimientos culturales y políticos de la sociedad civil de corte gramsciano en nuestro subcontinente en los años 80. Y atacó a los organismos defensores de derechos humanos que se han constituido en un eje de la defensa democrática. Hoy, la CIA se da cuenta de que un sector emergente fundamental en la lucha por la liberación de los americanos es la de los pueblos indígenas. Pero la verdad es que los documentos de la CIA son utilísmos. Simplemente hay que leerlos al revés. Es decir, leerlos desde los intereses de los oprimidos, a quienes nos indica que la lucha de los indígenas no es de un día o un año, sino que va para largo, 15 años en el candil es la expectativa de la central de inteligencia.

El augurio de la CIA dice de las manifestaciones políticas indígenas que “tales movimientos se incrementarán”… “Las tensiones se intensificarán en un área desde México a través de la región del Amazonas...”.

El despertar indígena abarca gran parte del continente y es central hoy en día en México con el EZLN, en el Perú devastado por Fujimori, en Guatemala que no encuentra la paz y el equilibrio a pesar del pacto con la guerrilla de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, en el Ecuador insurrecto, en Colombia, en Bolivia que cuenta con la poderosa Central Obrera Boliviana de corazón indio, en Chile donde los mapuches son diezmados y en muchos otros países de Nuestra América. Pero el documento no menciona que en los propios Estados Unidos y Canadá no está resuelto el tema.

Nótese que la preocupación de la CIA no es por lo que sucede sino por lo que va a suceder. Por ello prosigue el documento comentando que los movimientos serán “facilitados por redes transnacionales de activistas de derechos indígenas, apoyados por grupos internacionales de derechos humanos y ecologistas bien financiados”.

La CIA se percata de que por primera vez en la historia de América, el movimiento indígena se desarrolla a escala internacional. La presencia del EZLN tiene hoy dimensión planetaria, a tal grado que puede darse un pronunciamiento como el recientemente escuchado que plantea el papel del zapatismo como abanderado de los movimientos contra el neoliberalismo y la globalización.

La CIA fija su atención en otro elemento que es clave: la política de alianzas. Para un máximo impacto del movimiento indígena, se requiere de financiamiento, de acción internacional y de confluencia de ecologistas y defensores de los derechos humanos: es la suma de ingredientes para llegar a la masa crítica que desate la explosión indígena.

Las directivas de la CIA, lo sabemos, son seguidas en toda América Latina. Ya las oligarquías toman partido en el asunto y en lugar de ver la situación indígena desde la perspectiva de la justicia social postergada por 500 años con relación a una minoría conquistada, la miran desde el balcón neocolonialista de la “Seguridad Nacional”.

¿Por qué entra la población indígena de pronto a la Seguridad Nacional? Por supuesto, en primer lugar, porque está movilizada y porque por primera vez tiene alcance realmente nacional e internacional. También por primera vez empieza a articularse como un todo y su acción repercute en el mundo entero. Ocupan la primera plana de la agenda política. Pero aparece además la situación indígena como un problema de Seguridad Nacional porque el imperialismo quiere los recursos de las zonas indígenas: las reservas naturales. Éstas forman parte del eje de desarrollo y explotación estratégico hacia el futuro inmediato: recursos explotables, reserva genética (para biotecnología, modificación genética e identificación de DNA ), además de proyectos económicos que atraviesan los territorios indios. Casos clarísimos de ello son el Amazonas, la lucha por recursos en la Costa Atlántica de Nicaragua y la Selva Lacandona. En esta última, el ejército se despliega no sólo donde hay comunidades zapatistas, sino donde hay reservas de especies fundamentales y mantos petrolíferos. El documento de la CIA señala con precisión: Latinoamérica –principalmente Venezuela, México y Brasil- tienen mas de 117 billones de barriles de reservas probadas y potencialmente 114 billones de barriles de petróleo aún no descubierto, de acuerdo con US Geological Survey.

La CIA pide a los gobiernos latinoamericanos manejar la tensión entre globalización y “democratización”. Es decir, en la traducción de la literalidad a la realidad, la tarea de los títeres o seguidores es construir una apariencia democrática preservando el proyecto imperial neoliberal con relación a las zonas y la población indígena. Más papistas que el Papa, ya los gobiernos han empezado a defender la globalización a toda costa sin preocuparse de la democratización, como en el caso de los mapuches en Chile. Habrá que estar en guardia frente a todos los grandes proyectos que atraviesan las zonas indígenas desde Brasil hasta los planes Puebla-Panamá y el ferrocarril del Istmo de Tehuantepec en México.

Los indígenas, curtidos en 500 años de desobediencia esperando cambiar a los tercos dominadores que se empeñan en seguir construyendo América dejándolos en el rincón más oscuro del continente, no aprenden a someterse: llegan a la capital de México soliviantando a los oprimidos y haciendo que los “pobres” ideólogos empresariales escondan a sus hijas adentro de sus casas, anuncian una nueva sociedad en Ecuador, resisten en Chile, se debaten en enormes tensiones en la Costa Atlántica de Nicaragua y gozan de la gobernación del departamento del Cauca colombiano. Pero la batalla indígena no es sólo de los indios, porque en estos momentos, y eso es lo que debemos aprender del documento de la CIA, todos somos indios. Formar parte de su lucha es hoy la mejor batalla que podemos emprender atendiendo además a los grandes puntos colocados como estratégicos por la central de inteligencia para el futuro inmediato: Colombia, Cuba, México y Panamá.

La lectura de la CIA en el espejo nos confirma que hay un actor emergente en la escena de la lucha social por un cambio radical: los indígenas. A los no-indígenas nos corresponde luchar por abrirles espacio en la vida democrática, a ellos les toca luchar por democratizar la vida interior de las comunidades y la eliminación progresiva de aquellas costumbres incompatibles con una idea de libertad, equidad y justicia social.

 

 

Cuestiones de América Nº 4, Abril de 2001

 

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