Cuestiones de América
Un año después...
George
L. Argyros *
Hoy recordamos
con gran tristeza en todo Estados Unidos y en muchos países del mundo los
brutales y cobardes ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva
York, Washington y Pensilvania. Aquella mañana, casi 3.000 personas, ciudadanos
de más de noventa países, entre ellos España, se levantaron y fueron a trabajar
para nunca regresar junto a sus seres queridos. Un año más tarde, todavía me
atormenta pensar en la pena y el vacío infligidos a las familias y amigos de
las víctimas y, de hecho, a todas las personas civilizadas del mundo. Mi
esposa, Julia, y yo participaremos en varios actos hoy, incluido uno con el
personal de la Embajada de Estados Unidos en Madrid y sus familiares, así como
en otros actos conmemorativos públicos y privados. Con estos actos solemnes,
honramos tanto a las víctimas de los ataques terroristas como a los que
realizaron heroicos esfuerzos que salvaron vidas. Y al hacerlo, reafirmamos hoy
nuestro compromiso con la lucha contra el terrorismo en cualquier lugar, sea de
donde sea, donde los terroristas intenten desestabilizar naciones y regiones
enteras.
Cuando
el presidente Bush anunció, durante su visita a España en junio de 2001, que “Estamos
hombro con hombro con España en su lucha contra el terrorismo”, pocos
imaginaron que Estados Unidos sería el siguiente objetivo terrorista. Ha pasado
ya un año desde el comienzo de la guerra contra el terror y creo que es
oportuno que reflexionemos sobre lo que se ha logrado, y lo que podemos hacer
conjuntamente para conseguir nuestro objetivo en lo que será, con toda
seguridad, una larga lucha a librar en muchos frentes.
El
mundo respondió a los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre con la
formación de una potente coalición firmemente resuelta a defenderse. Nuestros
amigos de prácticamente todas las naciones y organizaciones del mundo
estuvieron con nosotros. Juntos hemos logrado importantes avances contra las
redes terroristas internacionales que amenazan nuestra libertad, prosperidad,
tolerancia y seguridad. A principios de esta guerra, el pueblo de Afganistán
sufría bajo el régimen represor totalitario de los talibanes. Este régimen
encerraba a las mujeres en sus casas y les negaba el acceso a la atención
sanitaria y a la educación más básica. Los alimentos enviados para paliar el hambre
del pueblo afgano eran robados por sus dirigentes.
Los
talibanes destruyeron los monumentos religiosos de otras creencias e intentaron
imponer sus ideas radicales a través de la amenaza y la violencia. Daban cobijo
a Al Qaeda, el grupo que ahora conocemos como el responsable de los ataques del
11 de septiembre. Hoy, el régimen talibán ya no existe y Al Qaeda huye y se
esconde. En Afganistán, el país que durante tantos años fue un importante eje
del terrorismo internacional, existe ahora un Gobierno interino elegido
popularmente que trabaja con la comunidad internacional para arrancar los
últimos vestigios de los apoyos terroristas de los talibanes. Más de 1,6
millones de refugiados afganos han regresado a su país, donde están
emprendiendo una nueva vida y participando en la reconstrucción de su nación.
Hoy las mujeres afganas están entrando en el mercado de trabajo y en las aulas,
algunas por primera vez en sus jóvenes vidas. Y participan en el debate
político sobre el futuro del país e incluso algunas tienen previsto presentarse
a elecciones para cargos públicos. Durante el último año, Estados Unidos ha
aportado 420 millones de dólares para la reconstrucción de Afganistán, además
de alimentos suficientes para seis millones de personas durante siete meses.
Más de 16.000 miembros de las fuerzas armadas de 20 naciones apoyan
directamente las operaciones militares en Afganistán, salvaguardando al
Gobierno interino, contribuyendo a hacer posible la transición hacia una
verdadera democracia, y avalando la voluntad expresada por el pueblo afgano a
través del proceso de la “Loya Jirga” [Gran Asamblea]. Para mí es un motivo de
gratitud y orgullo que España haya sido una de las principales voces de la
coalición antiterrorista que ha ayudado a derrocar a los tiranos talibanes
durante el último año, y ver que sigue colaborando junto con sus socios de la
coalición para asegurar una transición política continuada y sin sobresaltos
hacia la democracia en Afganistán, así como ayudando al país a hacer frente a
su enorme crisis humanitaria. Además de la campaña militar conjunta en
Afganistán, más de 60.000 tropas norteamericanas y aliadas, incluyendo a
España, están desplegadas por todo el mundo para combatir el terrorismo.
Países
como Estados Unidos y España están trabajando ahora más estrechamente para
denegar a los terroristas el sustento financiero necesario para la realización
de sus perversos planes. Después del 11 de septiembre, la ONU aprobó dos
resoluciones vinculantes, las Resoluciones 1390 y 1373 del Consejo de Seguridad,
que requieren que los Estados miembros de la ONU congelen los bienes de
aquellos que tengan vínculos con el terrorismo. Desde entonces, el Grupo de
Acción Financiera Internacional creado después del 11 de septiembre ha emitido
ocho recomendaciones especiales sobre cómo combatir la financiación terrorista,
y 161 naciones han congelado más de 100 millones de dólares de bienes asociados
a grupos terroristas y las personas que los apoyan. Y no se trata únicamente de
los talibanes, Al Qaeda o Hamás, por nombrar sólo unos pocos. La lucha global
para cortar la financiación vital del terrorismo está teniendo un impacto sobre
el terrorismo en España a través de mayor intercambio de información entre
nuestros dos países, que a su vez ha dado como fruto la congelación de los
bienes de 21 afiliados de ETA. En este sentido, apoyamos firmemente los
esfuerzos de España para combatir el terrorismo de ETA. España designó como
objetivo número uno durante su turno de presidencia de la Unión Europea a la
lucha contra el terrorismo, abriendo el camino para la designación formal de
ETA como organización terrorista por parte de la UE. La existencia de una
organización terrorista en cualquier lugar constituye una amenaza a la libertad
en todo el mundo.
En
Estados Unidos estamos trabajando también para asegurar que la terrible
tragedia que todos presenciamos el 11 de septiembre no se repita jamás. El
Congreso de Estados Unidos ha autorizado la creación del Departamento de
Seguridad Nacional, que ya coordina la información recogida por las agencias
estatales y federales sobre áreas vitales para la seguridad de nuestro país,
como son la seguridad de las fronteras y los transportes, el terrorismo en el
interior, inteligencia y aviso previo, y preparación para casos de emergencia.
El nuevo departamento no es un Gran Hermano como lo caracterizan
algunos. Tiene el respaldo de la gran mayoría de los estadounidenses, cuyas
libertades y derecho a la intimidad siguen protegidos por ley.
Hemos
estado llevando a cabo también un análisis extenso y continuado de las
prácticas en materia de concesión de visados en cuanto se relaciona con la
seguridad de nuestras fronteras y nuestra nación. Tenemos nuevas leyes que
exigen un examen más exhaustivo de los solicitantes y hemos mejorado la
tecnología y ampliado el intercambio de información entre el Departamento de
Estado y las agencias de seguridad e inteligencia.
A pesar
de estos avances y victorias, la batalla contra el terrorismo está lejos de
ganarse, y la amenaza a la seguridad del mundo y al modo de vida democrático
también está lejos de eliminarse. Los agentes de Al Qaeda y asesinos de esa
índole, aunque carezcan del santuario sin obstáculos de Afganistán, siguen
planeando y realizando actos terroristas. Los terroristas palestinos desbaratan
las esperanzas de una resolución pacífica del largo conflicto sangriento y
desestabilizador de Oriente Próximo. Los terroristas siguen afligiendo a
Colombia, Filipinas, Argelia, España y otras naciones en todas las regiones del
mundo. Extremistas actuando supuestamente en nombre del pueblo de Cachemira han
aumentado rápidamente su agresiva utilización del terrorismo, empujando a India
y Pakistán hasta el borde de una guerra entre dos potencias nucleares que puede
llevar sufrimientos inimaginables a los pueblos de la región.
Al
actuar frente al terrorismo, debemos recordar que nuestros enemigos no
permanecen quietos. Los ataques que hemos sufrido nosotros y nuestros aliados
desde el 11 de septiembre, incluido el ataque con bomba contra el consulado de
Estados Unidos en Karachi el 14 de junio, dejan penosamente claro que los
terroristas pueden adaptarse, y que lo hacen. Queda patente también, a partir
de revelaciones en Estados Unidos y en otras partes del mundo, que algunos
pretenden aumentar la devastación y la destrucción de sus actos terroristas
mediante el uso de armas de destrucción masiva. Al Qaeda y grupos e individuos
afines siguen empleando sus redes internacionales, utilizando todas las
herramientas de la globalización para sus nefastos fines, buscando y
aprovechando los fallos en las defensas globales contra el terrorismo.
Se ha
logrado mucho en el primer año de la guerra contra el terror, pero esta lucha
requerirá vigilancia, perseverancia y sacrificio durante muchos años más.
Combatir el terrorismo debe seguir figurando como prioridad en todas las
regiones del mundo. Estados Unidos y otros países con capacidades en materia
antiterrorista deben ayudar a los países menos experimentados de la coalición a
reforzar las suyas. Tenemos que mantener y ampliar la cooperación
internacional, requisito previo para tener éxito en la campaña contra el
terrorismo. Ninguna nación puede triunfar en esta campaña sin contar con
aliados y socios. Tenemos que seguir firmes en la confianza de que lo que
hacemos conjuntamente lo estamos haciendo para conseguir un mundo más justo,
más próspero y más pacífico.
Seguiremos
contando con el apoyo de amigos como España, y honraremos la memoria de los que
desaparecieron hoy hace un año. Queremos reiterar nuestra gratitud a esta gran
nación por su inquebrantable apoyo en ese día trágico -apoyo que ha continuado
desde entonces- y porque seguimos unidos en esta causa justa.
* El País,
Madrid, 11 de septiembre de 2002. El autor es embajador de los Estados Unidos en España
Cuestiones de América Nº 11,
Octubre-Noviembre de 2002
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