Cuestiones de
América
11-S, la nueva cultura popular
Jorge Cisneros M. y Jorge Luis Espinosa *
Como luz y sombra, los atentados en Nueva York
generaron un cambio en diversas manifestaciones artísticas, pero también abrieron
una nueva veta a los libros de autoayuda y los títulos de esoterismo que vieron
en la catástrofe el Apocalipsis profetizado durante años.
En la cultura popular, esa tarjeta con la que
Estados Unidos se ha presentado ante el mundo, los efectos de los atentados de
septiembre de 2001 fueron más que evidentes. La industria de la música, el cine
y la editorial debieron, en principio, adecuar sus contenidos o promociones,
aunque después aprovecharon la coyuntura para producir obras ya de explicación,
ya catalizadoras del sentimiento patriótico alentado por el propio gobierno
estadunidense después de que el presidente Bush advirtió que en la guerra
desatada tras el 11 de septiembre no había espacio para la neutralidad.
Jack Valenti, el poderoso presidente de la Motion
Pictures Association (MPA), aceptaba en octubre del año pasado que los
atentados afectaron a la industria por la cancelación de estrenos y la caída en
la audiencia.
“Algunas escenas de películas no serán mostradas
por un tiempo como bombas o aviones incendiados, o edificios que vuelan pero
las películas que muestran la condición humana, las risas, los llantos y que
hablan de las esperanzas seguirán escribiéndose”.
Daño colateral, la cinta estelarizada por Arnold
Schwarzenegger, fue el mejor ejemplo de estas decisiones a las que debieron
recurrir las compañías, ya que su estreno se pospuso cinco meses, hasta que las
susceptibilidades se calmaran. Más emblemático quizá, sería el caso de El
Hombre Araña, que debió ser editada para que desaparecieran las escenas en las
que se apreciaba a las Torres Gemelas dominando el horizonte de Nueva York.
Para el crítico de cine Gustavo García, las cintas
bélicas que se han estrenado en los meses posteriores al ataque son
premonitorias, antes que respuesta a los atentados. Detrás de líneas enemigas,
La suma de todos los miedos y Código de guerra, entre otras, son cintas que
estaban filmadas antes de los ataques y su estreno debió posponerse, pero en
ellas se apunta la convicción estadunidense de que esa nación tiene el derecho
de intervenir en el país que considere pertinente.
“Cuando lanzan esas películas, la lectura es otra
porque estamos ante un país ya militarizado y eso les da una fuerza tremenda.
En películas como Daño colateral se lanza de manera muy descarada la afirmación
de que EU tiene el derecho de estar en el terreno que se le pegue la gana. En
esas películas encontramos una afirmación intervencionista muy clara, que se
dispara a partir del 11 septiembre y parece que está preparando a la nación y
al mundo sobre lo que tienen ganas de hacer”.
El crítico también llama la atención sobre una
casualidad que, en algunos casos, ha obligado a modificar el filme original: en
ninguna película el villano está representado por árabes, así que en La suma de
todos los miedos tuvieron que hacer un cambio y no darle ese papel a un árabe
para evitar acusaciones de xenofobia.
García cree que quienes esperan como respuesta de
la industria una avalancha de películas en las que se exalte el patriotismo y
el valor de la milicia estadunidense están en lo correcto. “Sé que hay varios
guiones sobre los ataques y el heroísmo, específicamente sobre los pasajeros
que hicieron caer el avión en el campo (en Pennsylvania), lo que esperan es el
momento político propicio para hacerlas, por lo pronto, hay un entusiasmo
enorme para producirlos”.
El miércoles pasado, la agencia AP reportó que una
antología de cortos filmados por cineastas internacionales acerca de los
ataques del 11 de septiembre, han sido criticados por mostrar una actitud anti-norteamericana.
La revista Variety afirmó que algunos de los 11 cortos que integran la
antología titulada 11/09/01 son “estridentemente antinorteamericanos”.
El diario italiano Il Foglio dijo definió así la
antología, en la que figura un corto del mexicano Alejandro González Iñárritu:
“Los franceses reclutaron a 11 directores, algunos bien conocidos y otros
desconocidos para que nos expliquen por qué Estados Unidos se merecía lo que le
pasó”.
Entre los directores seleccionados estuvieron el
estadunidense Sean Penn, el francés Claude LeLouch, el israelí Amos Gitai. Los
productores dijeron estar en negociaciones con potenciales distribuidores de la
cinta en EU, pero afirmaron que no se proponen estrenarla en ese país por los
días del aniversario de los ataques. La película, producida por Studio Canal
—una filial de Vivendi Universal— y Galatee Films, se presentó el viernes en el
Festival de Venecia.
El corto de González Iñárritu intercala escenas de
gente lanzándose al vacío desde las ventanas de las Torres Gemelas incendiadas
y termina con una frase en árabe que abarca toda la pantalla y que dice: “La
luz de Dios, ¿nos guía o nos encandila?”
La música: vetos e inspiraciones
Dos grandes del rock tomaron los acontecimientos como
punto de partida: Bruce Sprinsgteen para su disco The rising y Neil Young para
su canción “Let’s roll (Andando)”, a propósito de la frase que habrían
pronunciado los pasajeros del vuelo 93 de United Airlines antes de enfrentarse
a sus secuestradores y estrellar el avión que éstos querían chocar contra la
Casa Blanca.
El diario Los Angeles Times reportó que Young leyó
un artículo en torno a la determinación de los secuestrados y antes del primer
jueves de noviembre grabó la canción acompañado de Booker T. & the MG’s y
Poncho, guitarrista de Crazy Horse.
“Si se convierte o no en un éxito es irrelevante.
Ésa no es la intención. Simplemente trata de saludar el heroísmo de esas
personas. Es la manera de Neil de decir que eso le importa, por eso es tan
auténtica la canción”, dijo Elliot Roberts, manager del compositor. La canción
apareció en el disco Are you passionate?, lanzado en marzo pasado, pero no fue
promovida como sencillo.
Mucho más enfocado a los atentados está el nuevo
disco de Bruce Springsteen, un artista que no ha sido condescendiente con las
aventuras militares de su país, cuyo mejor ejemplo está la canción que daba
título a su disco Born in the USA donde criticaba la incursión en Vietnam.
Pero The rising bien puede considerarse un tributo
a los residentes de Nueva York, vecinos a fin de cuentas del hogar de
Springsteen, Nueva Jersey. Canciones como “Into the fire” (Hacia el fuego), en
torno a alguien que desaparece al subir las escaleras que conducen al incendio,
se refieren a bomberos, policías y rescatistas que al cumplir con su trabajo se
convirtieron en héroes para el público estadunidense.
El propio autor de “I’m on fire” es catalogado como
un héroe del ciudadano común, el que labora en la industria o habita en los
suburbios, de modo que la melancolía de canciones como “Empty sky” (Cielo
vacío) ha tenido gran acogida entre la crítica y el público. Dentro de la
variedad de historias individuales hay una, “Paradise” (Paraíso), que tiene
como protagonista a un bombardero suicida de nacionalidad desconocida.
Pero no todo fue propiciatorio para la creación, ya
que un reporte de la revista Wired de septiembre sostenía que la cadena Clear
Channel Communications, propietaria de mil 170 estaciones en Estados Unidos,
había elaborado una lista de 150 canciones que por su contenido o título podían
tener reminiscencias del ataque. Entre ellas estaban algunas de letras
fatalistas como “The End” (El final), de Los Doors o “It’s the End of the World
as We Know It” (El fin del mundo que conocemos), de REM; en otros casos, la
presunta prohibición tenía ribetes de broma al incluir piezas como “Highway to
Hell” (Autopista al infierno), de AC/DC; “Another One Bites the Dust” (Uno más
que muerde el polvo), de Queen; “Hit Me with Your Best Shot” (Dame tu mejor
tiro), de Pat Benatar; “Burning Down the House” (Quemando la casa), de los
Talking Heads y “Knockin’ on Heaven’s Door” (Tocando la puerta del cielo), de
Bob Dylan.
Nuevos héroes y personajes librescos
Si la industria del cómic ha creado numerosos héroes
que pasan de la historieta a la pantalla para generar cuantiosas ganancias a
las compañías productoras —sólo El hombre araña recaudó más de 114 millones de
dólares en el fin de semana de su estreno—, estas publicaciones dieron el tono
de la nueva percepción en torno a quienes merecen los homenajes después del 11
de septiembre.
En
octubre, Marvel Comics, la compañía líder, propietaria de los derechos de El
Hombre Araña, X Men, los Cuatro Fantásticos, entre otros, publicó una
historieta en la que hasta los villanos quedaban conmovidos por la devastación
causada por los aviones secuestrados. Sin atacar a los agresores, la historieta
situaba a personajes como el Hombre Araña y el Capitán América sumándose a las
tareas de rescate en las ruinas del WTC y dejando en claro que los verdaderos
héroes son los integrantes de los equipos de seguridad.
Las
ediciones de libros en torno a este suceso se han multiplicado y ahondado en
diversas vertientes, desde aquellas rutas académicas que buscan una explicación
al hecho y analizan sus posibles consecuencias, hasta las respuestas esotéricas
y milenaristas, pasando por fuerte despliegue en torno al mundo árabe, el
islam, los talibán y Osama Bin Laden.
Así,
el sello Alamah dio a conocer Las profecías de Saint Germain para el nuevo
milenio, de Elizabeth Clare Prophet, donde esta moderna pitonisa recuerda que
ya Nostradamus había vaticinado la llegada del Rey del Terror para la aurora
del Tercer Milenio en la figura de un jefe militar o un artefacto proveniente
del cielo.
Si
el escritor Tom Clancy en su exitosos best sellers ya planteaba el uso de
aviones como medios para sembrar el terror, el investigador francés Thierry
Meyssan en El Pentagate asegura que ningún avión se estrelló en esta sede el
poder militar norteamericano y que, por lo mismo, había que poner en duda mucho
de lo dicho hasta ahora en relación con el atentado del 11 de septiembre.
Pero
este atentado también ha abierto la puerta a otros debates, como ocurre con
seguridad nacional. El reto de las democracias, un volumen que el próximo 10 de
septiembre será dado a conocer por el sello Aguilar y en el que Ana María
Salazar, subsecretaria adjunta de Defensa para Política y Apoyo Antidrogas del
Departamento de Defensa de Estados Unidos hasta enero de 2002, plantea lo que
las naciones deben enfrentar en esta nueva era.
Los
tres mayores grupos editoriales de Hispanoamérica: Grijalbo-Mondadori,
Santillana y Planeta dieron a conocer sus respectivas biografías en torno a
Osama Bin Laden. En el caso de Grijalbo, dio a conocer Guerra Santa, S.A. La
red terrorista de Osama Bin Laden, de Peter L. Bergen. Planeta ofreció Osama
Bin Laden, de Elaine Landau y Santillana publicó Bin Laden: el hombre que
declaró la guerra a Estados Unidos.
De
España se importó inmediatamente El grito silenciado, de la periodista española
Ana Tortajada, quien viajó por Afganistán y conoció la realidad a que eran
sometidas las mujeres en esa sociedad patriarcal. Y de hecho, ya está en camino
un nuevo título de Tortajada: Nahid, mi hermana afgana, ambos editados por
Mondadori.
Mondadori,
a su vez, reeditó El islam, de Karen Armstrong, donde se da cuenta de la
historia de esta religión a lo largo de los siglos, pero en una reedición que
por esos azares inexplicables terminó de imprimirse el 14 de septiembre de
2001, a sólo tres días de que los aviones suicidas inauguraran una nueva era.
En
EU, masiva producción editorial
La
cantidad de libros publicados en Estados Unidos cuyo tema es el ataque a las
Torres Gemelas del WTC es de 650 títulos en todo el año de acuerdo con la
publicación Publishers Weekly, según un reporte del diario The New York Times.
La producción editorial ha recorrido diversas vías, ya sea responder a las
múltiples interrogantes sobre el terrorismo planteadas por los atentados —como
El islamismo militante llega a América—, rendir homenaje a quienes participaron
en las labores de rescate en la Zona Cero —Tierra americana. Deconstruyendo el
World Trade Center—, rememorar la grandeza de los edificios destruidos —América
desde el corazón— o reflexionar en torno a las libertades restringidas a partir
del acontecimiento —Éste es un país libre.
Muchos
libros en torno al 11-S ratifican la creencia popular difundida por los talk
shows, de acuerdo con la cual escribir o hablar de experiencias traumáticas
sirve para alejar los demonios. Así, multitud de libros de autoayuda han
florecido abonados por la angustia generada por la catástrofe: El síndrome del
11-S. Días de ansía y noches de insomnio y Caldo de pollo para el alma de
América son algunos de los títulos que dan evidencia de cómo se acarrea el agua
a los diferentes molinos.
La
crítica neoyorquina cree que en el futuro seguirán apareciendo libros
relacionados con los atentados, lo que se explica fácilmente si se atiende a
que cuatro décadas después del asesinato de John F. Kennedy sigue debatiéndose
si Lee Harvey Oswald actuó solo; y 60 años han pasado desde el ataque a Pearl
Harbor y aún se discute si el gobierno pecó por no estar preparado para repeler
esa agresión.
* Milenio, México,
14 de Septiembre de 2002.
Cuestiones de
América Nº 11, Octubre-Noviembre de 2002
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